martes, 22 de enero de 2013

OFTALMOLOGÍA | Estudio prospectivo

Aspirina y degeneración macular, ¿una pareja estable?

Cada año se consumen 1.000 millones de comprimidos. | El MundoCada año se consumen 1.000 millones de comprimidos. | El Mundo
  • Un estudio asocia el consumo regular del medicamento con el problema ocular
  • Tomar este fármaco duplica el riesgo de padecer el trastorno, según el trabajo
  • Los expertos señalan que, de momento, no hay suficiente evidencia científica
Cautela. Eso es lo que piden médicos y científicos ante los resultados de un estudio que vincula el consumo regular de aspirina con un mayor riesgo de sufrir degeneración macular. Y la prudencia es porque, a pesar de los datos, todavía es necesaria más evidencia científica para aconsejar a las personas que toman este medicamento que dejen de hacerlo.
La degeneración macular es la primera causa de ceguera en las personas mayores de países desarrollados. Aunque existen varios factores que se han relacionado con un mayor riesgo de sufrir este problema, sólo se ha demostrado, con una evidencia científica de peso, que fumar aumenta las posibilidades de padecer este trastorno que se cataloga en dos grandes grupos, en función del mecanismo que la origina: la degeneración macular seca y la húmeda.
No es la primera vez que se detecta una relación entre el conocido fármaco y este problema oftalmológico. En noviembre de 2011, un estudio europeo, denominado EUREYE, en el que participaban 4.691 pacientes de varios países de la UE mostró que las personas que consumían aspirina a diario presentaban un riesgo un 26% mayor de tener degeneración macular seca. Sin embargo, el trabajo que hoy publica 'Archives of Internal Medicine' es el mayor estudio prospectivo realizado hasta la fecha sobre este tema, con un largo periodo de evaluación continuada, y de ahí su valor.
De esta forma, Gerald Liew, médico de la Universidad de Sidney (Australia), y sus colaboradores examinaron si el consumo regular de aspirina (tomada una o más veces por semana en el año previo al inicio del estudio) se asociaba con un mayor riesgo de degeneración macular asociada a la edad en un grupo de 2.389 participantes a los que siguieron a lo largo de 15 años.
De todos ellos, 257 individuos estaban tomando de forma regular aspirina, sobre todo aquellos más propensos a tener hipertensión, enfermedad cardiovascular o diabetes. Tras ese tiempo de seguimiento, 63 personas desarrollaron degeneración macular. Tras comparar los datos de estos pacientes con los que no tomaban el fármaco, se comprobó que la ingesta de este medicamento duplicaba el riesgo del trastorno oftalmológico, en concreto el riesgo era 2,37 veces superior a los 15 años de evolución.

Hacen falta más estudios

El doctor Álvaro Fernández-Vega, director de la Unidad de Retina y Vítreo del Instituto Oftalmológico Fernández-Vega, explica a ELMUNDO.es que el estudio no es suficiente para cambiar la práctica clínica ("aspirina debe seguir siendo un tratamiento clave en el manejo de enfermedades cardiovasculares"); sin embargo, sí cree que se deben tener en cuenta los resultados en el día a día. "En determinados pacientes, con riesgo muy elevado de degeneración macular (por ejemplo, con el otro ojo afectado) o con una tendencia hemorrágica alta, podría valorarse retirarle la aspirina si su riesgo cardiovascular no es muy elevado", sugiere.
Una idea que coincide al cien por cien con la que lanzan los propios autores de la investigación: "El consumo habitual de aspirina se relacionó con una mayor incidencia de degeneración macular. [...] Sin embargo, actualmente no hay suficiente evidencia para recomendar un cambio en la práctica clínica, excepto quizás en aquellos pacientes con varios factores que elevan de forma importante su riesgo de este trastorno ocular, en los que podría ser adecuado al aumentar ese pequeño riesgo de incidencia de degeneración macular por la ingesta de aspirina".
Igual de cautelosos se muestran Sanjay Kaul y George Diamond, médicos del departamento de Cardiología del Centro Médico Cedars-Sinai, en Los Ángeles (California). "Desde una perspectiva puramente médico-científica, esta evidencia no es suficientemente robusta para ser una directriz clínica", afirman. Porque en un estudio de este tipo, no aleatorizado y sin grupo control, existen grandes posibilidades de que otros factores, distintos al consumo de fármacos, como presentar una enfermedad o el haber estado expuesto a un condicionante que no se ha tenido en cuenta, hayan podido influir en el resultado.
Por este motivo, estos cardiólogos recomiendan que los resultados se validen en un ensayo prospectivo y aleatorizado, un procedimiento más riguroso que el utilizado en este caso, antes de aconsejar un cambio a los pacientes o a los médicos ("dado el uso masivo de aspirina en la actualiad, teóricamente este incremento podría afectar a un gran número de personas", recuerda el oftalmólogo español; "si bien el riesgo de padecer degeneración macular húmeda que demuestra el estudio es muy bajo, 3,7% en 15 años").
Quizás, apuntan los autores, habría que valorar su uso en pacientes sin ningún problema cardiovascular que toman este fármaco para prevenir la aparición de un trastorno de este tipo, ya que en este grupo los riesgos -como hemorragia o degeneración macular- podrían superar a los beneficios. No obstante, "la mejor forma de tomar decisiones sobre el uso de aspirina es sopesando estos riesgos frente a los beneficios en el contexto de la historia médica de cada persona".

domingo, 13 de enero de 2013

Crisis y recortes también minan la salud

por Daniel Font y A. P. Cañedo
Sábado, 12 de Enero de 2013 13:31

 
¿Sabía que si es usted desempleado tiene entre tres y siete veces más riesgo de padecer problemas mentales? ¿Y que las desigualdades socioeconómicas restan años de vida? Son algunas de las relaciones entre crisis y salud, que no siempre son evidentes y que, a veces, pueden ser contradictorias.
Son algunas de las relaciones entre crisis y salud, que no siempre son evidentes y que, a veces, pueden ser contradictorias. Por ejemplo, está demostrado que en épocas de crisis descienden los accidentes de tráfico: cuanto más desempleo, menos personas cogen el coche para ir a trabajar (y eso sin contar el precio de la gasolina). Además, el aumento de horas de sueño de los desempleados tiene efectos positivos sobre su salud.
Sin embargo, la crisis tiene otros efectos menos halagüeños: existe una fuerte correlación entre desempleo, nivel de ingresos y salud. Y no es precisamente buena. Carles Muntaner, catedrático de Enfermería, Salud Publica y Psiquiatría de la Universidad de Toronto (Cánada), comenta que “hay estudios que relacionan las altas tasas de desempleo con un aumento de la depresión, el alcoholismo y el suicidio”. De hecho, se ha llegado a cuantificar que un incremento del 1% en la tasa de paro se traduce en un incremento del 0,8% en la tasa de suicidios entre los menores de 65 años. Martin McKee, director del Observatorio Europeo de Políticas y Sistemas Sanitarios, afirmaba en la inauguración de las VI Jornadas de Salud Pública: crisis y calidad de vida que, tras años de disminución, desde 2008 el número de suicidios se ha incrementado en toda Europa. “La excepción es uno de los países que evitó las políticas de actualidad: Austria”, añadía.
Los datos sobre crisis económica y salud mental en España sólo llegan hasta 2010, y lo mismo sucede en cuanto al consumo de antidepresivos que, según el Instituto Nacional de Estadística, subió un 30,5% entre 2005 y 2010. El de benzodiacepinas, un ansiolítico y sedante usado principalmente para el insomnio, aumentó un 12,9%. “Crece la percepción de desamparo social y hay más consultas por ansiedad y depresión”, comenta Jordi Reviriego, médico de familia y psicoterapeuta. “Muchas personas necesitarían soporte psicológico, pero los recortes han agravado la ya deficiente atención psicológica en el sistema público de salud, dejando sólo el tratamiento con fármacos, por lo que la psicoterapia es fundamentalmente privada. Quién más lo necesita, frecuentemente no se lo puede pagar”, continúa.
En concreto, España cuenta con 4,3 psicólogos por cada 100.000 habitantes frente a los 18 de la media europea, según el Colegio Oficial de Psicólogos. “La industria farmacéutica ha sabido aprovechar este escenario y se trata con fármacos a pacientes que sólo necesitan ayuda psicológica o mejorar su situación social y económica” concluye Reviriego. Asociaciones solidarias como la Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (FEAFES) atienden a personas que no pueden costearse las terapias. Su presidente, José Mª Sánchez Monge, recalca que “la farmacopea es importante, pero hay que completar el tratamiento con la atención comunitaria y establecer la terapia más adecuada y personalizada para cada persona. Hay enfermos crónicos en situación muy peligrosa porque no reciben la atención adecuada, como inmigrantes, sin techo o presos que sufren alguna enfermedad mental”. Monge recalca que su labor es cada vez más difícil por la falta de recursos de las administraciones públicas. “Algunas entidades de la Confederación han cerrado y otras instituciones, como Cruz Roja, se han hecho cargo de las personas que atendían”.

Más enfermedades infecciosas

La crisis –y los recortes– también tienen efectos sobre las enfermedades infecciosas. Así, en Grecia han aparecido nuevos brotes de malaria, una enfermedad extinguida en Europa y de la que no se registraban casos en el país heleno desde 1974. Investigadores del Centro de Control y Prevención de Enfermedades griego alertaban además del incremento de infecciones de VIH entre drogodepedientes y de la aparición, por primera vez en el país, del virus del Nilo occidental (262 casos entre 2010 y 2011).
Los investigadores recordaban que en épocas de crisis, la extensión de enfermedades infecciosas podía verse favorecida por las peores condiciones desde “desempleados, personas sin hogar o con pocos recursos y poblaciones migrantes”. También por “la dificultad del acceso al tratamiento y la caída de calidad del sistema público de salud”, todo lo cual les llevaba a afirmar que, en lo que a enfermedades infecciosas se refiere, las perspectivas de salud y prosperidad de la población griega son “desafortunadamente, no muy buenas”.
De hecho, la Organización Mundial de la Salud clasificaba en un reciente informe las respuestas de los países a la crisis como buenas, malas o terribles. Entre las dos últimas se contaban las medidas para reducir la cobertura sanitaria y la introducción de sistemas de copago, dado que fomentan las desigualdades de acceso sanitario.

Políticas sociales: la mejor medicina

Los médicos de atención primaria como Mª José Fernández lo tienen claro: “La mejor manera de tratar los problemas mentales es no desmontar el Estado del bienestar y crear sistemas de apoyo a las personas más vulnerables y afectadas por la crisis”. Fernández, que forma parte del Fòrum Català d’Atenció Primària (FOCAP), afirma que “la pertenencia a redes sociales de apoyo como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca cura más que nosotros y, por supuesto, que los fármacos”.
La mayoría de los estudios afirman que el grado de protección social de un país es extremadamente importante para hacer frente a los problemas sanitarios provocados por la crisis. “Experiencias pasadas han demostrado que países con un buen desarrollo del Estado del bienestar y un buen sistema de protección social son más capaces de evitar los suicidios”, afirma Martin McKee. Y, en general, las peores consecuencias de la crisis sobre la salud. “Las más importantes son las políticas para activar el mercado laboral”, apostilla en el vídeo de inauguración de las jornadas sobre crisis y calidad de vida organizadas por la Escuela Andaluza de Salud Pública .
Por eso, los recortes sanitarios son en general mal recibidos por los profesionales del sector: “Una cosa es aprovechar para hacer reformas necesarias y otra, desmantelar un sistema efectivo, con altos índices de satisfacción, muy barato, de los más baratos de la UE-15, y con unos resultados muy buenos. No hay que olvidar que estamos a la cabeza de los principales indicadores de salud, como la tasa de mortalidad infantil, neonatal y maternal o la esperanza de vida”, afirma Carlos Artuondo, psiquiatra experto en salud pública y director de la Escuela Andaluza de Salud Pública. Artuondo apunta que no hay evidencia de que los sistemas privados sean más efectivos que los públicos, más bien al contrario.

viernes, 4 de enero de 2013

Euro por receta. Un impuesto de muerte 

por @eXlandia
Jueves, 03 de Enero de 2013 20:36

Los jubilados con rentas absurdas, las personas sin recursos, los que generalmente gozan de peor salud y por tanto necesitan más recetas, serán ahora incapaces de comprarlas todas, empezarán a vivir peor, y con el tiempo su muerte se acelerará...
Tengo cáncer. Uno de esos que se extiende por tu sistema linfático devorándolo poco a poco y al final te mata. No fumo, no bebo, no me drogo, como equilibrado y practico deporte de vez en cuando. No es hereditario. No lo tengo por ninguna imprudencia que haya cometido durante mi vida, ni por ninguna irresponsabilidad.
 
Sin embargo el gobierno ha decidido castigarme. A partir de este año tengo que pagar un impuesto de un euro cada vez que compro una medicina que me receta mi hematóloga. No son recetas que me pueda hacer yo mismo, son las que me manda la experta en medicina que me atiende porque cree que las necesito. Algunas son para evitar que se desarrollen otras enfermedades adicionales aprovechando que mi sistema inmune está destrozado; otras son para evitar el dolor de la quimioterapia.
 
Lo terapia que evita que no me muera produce dolor. Mucho dolor. El dolor tiene la propiedad de que aplasta tu mundo y te obliga a enfocarte todo el día en él. No puedes hacer nada, y lo peor es que ni siquiera puedes descansar, tienes que vivir tu dolor. Son dolores que no se pueden imaginar aunque uno los cuente, desgraciadamente hay que vivirlos para comprenderlos. Es una experiencia que no sirve para nada, y lo realmente terrible es que estás atado a ella. Sabes que puntualmente cada dos semanas vas a tener que enfrentarte a una nueva sesión de dolor. Durante muchos meses.
 
Por ello, repito, el gobierno ha decidido castigarme. El gobierno cree que debo pagar más por luchar contra el dolor y contra la enfermedad. El gobierno ha puesto un impuesto a la vida.
 
No va dirigido a hacer pagar a los que más tienen, y por tanto más pueden ofrecer; no va dirigido a los que han obrado incorrectamente, y por lo tanto pretendemos penalizar para que cambien su actitud; va dirigido a los que quieren vivir.
 
Y el impuesto funciona. Los jubilados con rentas absurdas, las personas sin recursos, los que generalmente gozan de peor salud y por tanto necesitan más recetas, serán ahora incapaces de comprarlas todas, empezarán a vivir peor, y con el tiempo su muerte se acelerará. Lo que no consiguen las multas de tráfico, lo que no consigue un sistema penal y carcelario que sólo produce reincidencia, lo que no consiguen las multas fiscales, aquí sí triunfará. El impuesto contra la vida producirá muerte.
 
No hay ningún argumento, por mucho que venga de supuestos expertos en economía, del ministerio alemán, de organismos internacionales o de quien sea, que pueda justificar esto. Es totalmente inconcebible pensar que diseñemos una sociedad donde se necesite penalizar la vida. No hay debate posible en esto. Y todos los que están poniendo en marcha o permitiendo por omisión la construcción de este sistema de muerte, algún día serán llevados por nosotros ante la justicia y pagarán por esta atrocidad. No olvidemos sus caras ni sus nombres.
 
Mientras tanto, podemos dirigirnos orgullosos y felices a nuestras farmacias a desobedecer este impuesto de muerte. Lo único que tenemos que hacer es decir en la farmacia que no vamos a pagar este impuesto, y al momento los farmacéuticos nos ofrecerán un formulario donde señalamos nuestro acto de desobediencia. Lo rellenamos y sólo tendremos que pagar el valor de la receta. Vamos a negarnos todos y vamos a colapsar sus sistemas con nuestros formularios de vida.
 
Por supuesto el gobierno intentará cobrárnoslo más adelante, posiblemente incluso penalizándonos más todavía. Pero cuando llegue el momento volveremos a negarnos. Desobedeceremos una y otra vez, porque el sistema no puede hacer nada. Porque el sistema realmente somos nosotros. Y cuanto más desobedezcamos y más seamos conscientes de esto, antes podremos quitarnos a estos criminales de encima y empezar a construir el mundo en el que realmente queremos vivir nosotros, los ciudadanos.
 
Yo ya he empezado a hacerlo. Y me siento más vivo que nunca. http://www.exlandia.net/?p=256