miércoles, 12 de mayo de 2010

SAR: La radioactividad de los teléfonos móviles

Publicado 07 September 2008 - 08:42 AM
SAR: Specific Absorption Rate"El índice SAR o tasa de absorción específica, mide la potencia de radiación que penetra al cuerpo humano. En Estados Unidos se permite que los móviles presenten un valor de SAR máximo de 1,6 W/Kg, mientras que en Europa se exige un límite de 2 W/Kg.""según http://www.ctia.org/ Estudios sobre los Celulares segun CTIA.org y SarShield.com 1. Causa reducción del nivel de hormonas cerebrales que protegen contra el cáncer; Incrementa la probabilidad de cáncer. Triplica la cantidad de anomalías de cromosomas 2. La forma no esférica de las células incrementa la intensidad del campo eléctrico generado dentro de ella por el teléfono móvil. 3. En un test en 221 hombres que llevan su teléfono móvil en el bolsillo del pantalón, se constata una reducción en la producción de espermatozoides4. Las células de Leucemia se desarrollan un 20 % más rápido, al ser expuestas a la radiación de los teléfonos móviles.5. Tests con ratas indican que tardan 10 a 15 años en desarrollar un tumor cerebral, aproximadamente el mismo período que llevamos utilizando los teléfonos móviles. 6. Ratones sometidos a radiación de teléfonos móviles, muestran un 40 % más de linfoma Incrementa la probabilidad de Alzheimer, Esclerosis Múltiple y Parkinson. 7. El calentamiento (Por radiación SAR) de las células humanas causado por los teléfonos móviles acelera el proceso de envejecimiento 8. Ratas sometidas a la radiación de teléfonos móviles, demuestran un fuerte incremento en la probabilidad de daños cerebrales 9. El uso de teléfono móvil mejora el tiempo de reacción con 15 milisegundos 10. En una Investigación en 5.000 usuarios de teléfonos móviles en Noruega y 12.000 en Suecia, se indica un aumento de temperatura de la oreja, en un 25 % de usuarios. El 20 % de los usuarios padece dolores de cabeza y cansancio y el 47 % de usuarios (que llaman más de 1 hora al día) padece pérdida de memoria y problemas de concentración Los estudios confirman que los celulares : Son dispositivos electricos que causan daño a los usuarios. afectando principalmente su Salud y cuerpo."Lo recomendable es por debajo de 1 W/Kg ... e ideal debajo de 0,5 W/Kg

Acusan de homicidio involuntario a France Télécom



El informe de un inspector de trabajo tras el suicidio de un trabajador responsabiliza a la empresa

PÚBLICO.ES - Londres - 12/03/2010 11:19
Es el primer caso pero detrás podrían venir muchos más tras los últimos acontecimientos. En una decisión que se ha considerado en los medios franceses como "excepcional", France Télécom ha sido acusada de homicidio involuntario tras el suicidio de uno de sus trabajadores.
El informe del inspector de trabajo que estudió el caso concluye que la muerte del trabajador "está directamente relacionada con su situación laboral". A principios de semana, los trabajadores remitieron a la dirección un documento que recoge sus demandas tras el suicidio de más de 40 empleados desde 2008.
Según recoge este viernes el diario Le Parisien, el perito envió una carta a la compañía en la que explica que al técnico se le había adjudicado una labor para la que no estaba preparado y que el operador de telefonía esperó siete meses hasta empezar a darle una formación adecuada.
"Pese a que Nicolas tuvo que enfrentarse solo a los clientes [...] y no recibió una formación teórica adecuada a su nuevo puesto, nuestra investigación demuestra que su productividad y objetivos comerciales coinciden con los que se le asignó a su departamento, pero que él no llegaba a comprender determinadas tareas".
La empresa no hizo caso a los psicólogos
En lugar de poner en marcha el protocolo de riesgos laborales, la compañía aumentó el volumen de trabajo
En el documento citado anteriormente, los trabajadores de France Télécom se quejaban de los constantes bandazos de la empresa, el cambio de puesto forzado al que se somete a los trabajadores incluso pese a no tener la formación adecuada y el completo colapso del departamento de Recursos Humanos.
El inspector además revela que los médicos de la empresa habían alertado a la dirección de la "gravedad" de la salud mental de la unidad en la que trabajaba el ingeniero fallecido. Pero la dirección, en lugar de "poner en marcha las medidas de protección de riesgos laborales" que se necesitaban, "aumentó considerablemente el volumen de tabajo de la unidad", dice el informe.
Además, según el texto, France Télécom se negó a "informar y consultar de manera voluntaria al comité de salud, seguridad y condiciones laborales", infringiendo el Código Laboral. La empresa no quiso comentar el informe del perito y queda a la espera de hacer un comunicado oficial, explica Le Parisien.

La situación de la clase trabajadora


05 Feb 2009
06:25
VICENÇ NAVARRO
El Economic Policy Institute (EPI) es uno de los centros de investigación económica y social más importantes de EEUU. Elabora cada dos años un informe sobre la situación de la clase trabajadora en EEUU, The State of Working America, que incluye la información más detallada que existe sobre las condiciones laborales y sociales de la población trabajadora en EEUU, comparándola con las condiciones existentes en otros países de la OCDE incluyendo España. En este artículo comparo la situación de la clase trabajadora de España con la clase trabajadora de EEUU basándome en los datos del informe del EPI, complementado por los datos del Observatorio Social de España, colaborador del EPI en España.Los datos del informe cuestionan gran número de supuestos liberales que dominan gran parte de las culturas económicas y políticas de España. Por ejemplo, uno de los dogmas que se reproducen con mayor frecuencia en los círculos liberales del país es que los salarios en España son demasiado altos, habiéndose afirmado incluso que una de las causas de que la intensidad de la crisis económica sea particularmente acentuada en España es la elevada cuantía de las retribuciones salariales. Los datos, sin embargo, no confirman este supuesto. El salario por hora de los trabajadores españoles (incluso entre los trabajadores de la manufactura, que son los mejor pagados) es uno de los más bajos de la UE-15 y de la OCDE. Si el nivel de los salarios de la manufactura de EEUU se toma como punto de referencia (llamándole 100), entonces, el salario de los trabajadores mejor pagados (los de la manufactura) es el 79% del de EEUU. Los mejor pagados son Suecia (136%), Finlandia (126%), Dinamarca (149%) y Holanda (130%). En realidad, la mayoría de países de la UE-15 tienen mayores salarios que EEUU, y mucho más elevados que España.Se dice con frecuencia que los salarios son bajos en España porque la productividad laboral es baja. Los datos, sin embargo, no muestran una relación clara entre productividad laboral y salario. En realidad, la diferencia en la productividad de los trabajadores de la manufactura entre los países de la UE-15 es menor. La diferencia de los salarios entre los países, sin embargo, es muy acentuada. Esto muestra que el nivel de productividad no es el factor determinante del salario recibido por el trabajador. Una causa mayor es la fortaleza de los sindicatos y de las izquierdas en el país, como lo atestigua que sean los países nórdicos donde los sindicatos y las izquierdas son fuertes, donde los salarios son más altos. En el sur de Europa, incluyendo España, donde los sindicatos y las izquierdas son más débiles, los salarios son más bajos. Es más, la baratura de los salarios (facilitada por una gran abundancia de trabajadores, muchos de ellos inmigrantes), no motiva al mundo empresarial y al Estado a invertir en los puestos de trabajo y en los trabajadores para incrementar su productividad. No es, pues, que los salarios sean bajos porque la productividad es baja, sino, al contrario, la productividad es baja porque los salarios son bajos. Recortar todavía más los salarios contribuiría más al descenso de la productividad. Y dificultaría en gran manera la recuperación económica al disminuir la demanda doméstica, cuya debilidad es la causa mayor de la crisis que atraviesa España.Esta insuficiencia salarial en España va acompañada de una exhuberancia de las rentas superiores. En España la decila inferior de familias recibe una renta que es el 61% de la renta familiar promedio (uno de los porcentajes más bajos de la UE-15) mientras que la decila superior ingresa el 214% del nivel de renta familiar promedio, el porcentaje mayor de la UE-15 y de la OCDE (después de EEUU). Estas desigualdades sociales se reproducen a base de unas políticas públicas escasamente redistributivas, siendo el Estado español uno de los menos redistributivos de la UE-15. Contribuyendo a esta regresividad está la tolerancia que exhibe el Estado hacia el fraude fiscal (uno de los más altos existentes en la UE-15) que alcanza a ser un 10% del PIB (según los expertos de la Agencia Tributaria del Estado), y que procede en su gran mayoría de las rentas superiores.Tal regresividad fiscal explica la escasez de ingresos al Estado y el subdesarrollo de su estado del bienestar. España es uno de los países de la UE-15 que tiene un porcentaje menor de la población adulta trabajando en educación pública (5,5%) y en sanidad y servicios sociales públicos (6%). El promedio de la UE-15 es de 7% y 10,6% respectivamente. Tal subdesarrollo de los servicios públicos del estado del bienestar, explica también el escaso porcentaje de las mujeres en el mercado de trabajo, 54%, uno de los más bajos de la UE-15. En Suecia es el 72%. España tiene una de las infraestructuras de servicios de atención a las familias –escuelas de infancia y servicios domiciliarios– menos desarrollados de la UE-15. Tal infraestructura juega un papel clave en facilitar la integración de la mujer al mercado del trabajo (España es uno de los países que tiene un número menor de niños en escuelas de infancia y un gasto público menor en escuelas de infancia por alumno).Estas cifras, procedentes de aquellos informes, traducen una insuficiente concienciación por parte de los equipos económicos de los sucesivos gobiernos españoles de que los servicios públicos del estado del bienestar son una inversión tan o más importante que la inversión en infraestructura física del país. En realidad, una de las causas mayores de la menor riqueza en España es la todavía baja participación de la mujer en el mercado de trabajo. Facilitar la integración de la mujer a tal mercado debería haber sido (junto con el aumento salarial) una de las mayores estrategias de desarrollo económico del país.

Vicenç Navarro es Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y director del Observatorio Social de España

Grasas trans: Freno a la amenaza invisible

Las compañías de alimentación empiezan a abandonar el uso de este tipo de aceites procesados de manera artificial, ante las evidencias de los daños que causa a la salud
AINHOA IRIBERRI MADRID 12/05/2010 02:00 Actualizado: 12/05/2010 03:14

El mayor enemigo nutricional para la salud cardiovascular no es el exceso de calorías, sino un tipo de grasas, las trans, que se emplea con mucha frecuencia en alimentos preparados. Si tan sólo un 2% de la grasa total que consume un individuo provee de este tipo de grasas, su riesgo de padecer enfermedad cardiovascular aumentará un 23%. Según un estudio de la prestigiosa NEJM, las grasas trans no sólo disminuyen el colesterol bueno y aumentan el malo; además, promueven la inflamación sobre todo en obesos y, según un multitudinario estudio, elevan la incidencia de la diabetes. Sin embargo, y a pesar de los riesgos que supone para la salud, este producto no sólo no está prohibido, sino que es muy difícil de evitar para el ciudadano ya que su nombre no está impreso en prácticamente ninguna de las etiquetas nutricionales que acompañan a la mayoría de los productos.
Ante esta situación, algunos gobiernos Dinamarca fue el primero han decidido, directamente, prohibir estas grasas por el riesgo que provocan a la salud. En España, además, ciertas empresas la última, la cadena de supermercados Eroski han optado por no elaborar sus productos con este tipo de grasas, o hacerlo con un contenido mínimo.
Existen nuevas tecnologías que permiten evitar estos productos
Todas las compañías que han optado por políticas de este tipo tienen en común que lo han hecho solas, sin ningún requerimiento por parte de las autoridades sanitarias, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud ha abogado por la reducción del consumo de grasas trans.
El cambio de la margarina
El caso de la margarina es el paradigma de que las grasas trans pueden reducirse sin acabar con la industria alimentaria. Este sustitutivo de la mantequilla era, hace 15 años, el ejemplo máximo de contenido en grasas trans. Se desarrolló para sustituir a la grasienta mantequilla, repleta de grasas saturadas, las que, hasta entonces, se consideraban perjudiciales para la salud cardiovascular. La sustitución de estas por aceites vegetales las hizo la fuente por excelencia de grasas trans.
El anteproyecto de Ley de Seguridad Alimentaria pide la prohibición
Cuando se empezaron a publicar los primeros estudios que asociaban su consumo con un mayor riesgo cardiovascular, incluso, que el del producto que pretendían sustituir, ciertos fabricantes decidieron modificar sus procesos de elaboración. Como explica la especialista en nutrición de Unilever fabricante de marcas como Tulipán o Flora Anna Montañá, "desde hace más de 10 años, el contenido en grasas trans de las margarinas que fabricanos está por debajo del 1%".
Para esta especialista, la falta de sustitutos no es excusa para que las empresas no dejen de utilizar grasas trans. "Existen centros de desarrollo y tecnologías muy avanzadas que permiten lograrlo", asegura.
El investigador del Instituto de la Grasa (CSIC) Manuel León explica que existen "nuevas tecnologías en la fabricación de grasas plásticas", mediante las que se cambian las propiedades físicas de las grasas. Así se consigue el mismo efecto que con el proceso que lleva a la fabricación de grasas trans. Este procedimiento se denomina "hidrogenización parcial", y su principal objetivo es convertir las grasas líquidas vegetales en un elemento más sólido, que dota a los alimentos industriales de su firmeza característica y que, además, hace que se mantengan frescos más tiempo.
La técnico de Unilever recuerda, sin embargo, que el problema pasa porque no hay legislación. "Lo hacemos voluntariamente", recuerda.
Algunos países sí han optado por obligar a la disminución hasta cantidades prácticamente imperceptibles de estas grasas. En Europa, Dinamarca fue pionera, al prohibir en 2004 que ningún alimento tuviera más de un 2% de este tipo de grasa, medida que fue acompañada por la obligatoriedad de etiquetar todos los alimentos con respecto a sus contenidos en grasas trans. En esa época, antes de que algunos Estados de EEUU decidieran seguir la misma tendencia, los productos de cadenas de comida rápida estaban cocinados de forma distinta en el país nórdico que en su lugar de origen. Años después, y también por autorregulación, los principales restaurantes de fast food decidieron rebajar el contenido de grasas trans en los aceites que utilizan para freír sus alimentos.
Como la europea, la legislación española no regula en la actualidad la presencia de estas grasas en adultos, aunque sí lo hace en niños. La estrategia NAOS, que puso en marcha la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESAN) en la pasada legislatura, pide a los fabricantes que utilicen grasa "con una baja proporción de ácidos grasos trans" en la elaboración de productos destinados a niños menores de 12 años. También predica la ausencia de este tipo de aceites en los comedores escolares, aunque no hay medidas legislativas asociadas a la recomendación. De nuevo, parece que la autorregulación es la que manda.
"Nos preocupan especialmente los niños obesos", explica el responsable de la Unidad de Lípidos del Hospital Clínic de Barcelona Emili Ros. Este experto considera que la mejor forma e evitar las grasas trans es "comer cocina de mercado" y evitar alimentos como las galletas o las patatas fritas, "excepto si están fritas con aceite de oliva".
Ros reconoce que una política que prohibiera el uso de grasas trans "estaría bien desde el punto de vista de la salud". Precisamente la limitación legal de este producto es uno de los pilares del ante-proyecto de Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición que, según fuentes de la AESAN, podría entrar en vigor en el primer trimestre de 2011.
"Habida cuenta que está demostrada la relación entre el contenido de ácidos grasos trans en los alimentos y la salud, la ley establece una limitación de su contenido", reza el texto, que tendrá que ser aprobado por los grupos. "No obstante, esta obligación, lógicamente, dispondrá de un periodo transitorio lo suficientemente amplio como para permitir que los operadores económicos puedan adaptar su producción", continúa. El proyecto de ley establece que el contenido en ácidos grasos trans de los aceites y materias grasas que se destinen a la alimentación humana no excederá de 2 gramos por cada 100 de aceite o materia grasa y deja la puerta abierta, además, a una futura limitación mayor, "atendiendo a la evolución de los conocimientos científicos y tecnológicos en la materia".
Un producto peligroso que nace de un proceso artificial
¿Qué son las grasas trans?
Los ácidos grasos trans son grasas insaturadas con una estructura molecular de doble hélice, que se forman durante la hidrogenización parcial de los aceites vegetales. Se trata de grasas artificiales, formadas tras un procesado del aceite vegetal.
¿Hay alguna grasa trans natural?
Aunque cuando se habla de grasas trans, lo normal es referirse a los aceites parcialmente hidrogenados, existe una grasa trans buena, que es la que se origina por la acción de la flora microbiana en el estómagos de los herbívoros y está presente, por lo tanto, en la carne, pero en cantidades tan pequeñas que su consumo no es nocivo para la salud.
¿Por qué se desarrolló este proceso?
Paradójicamente, las grasas trans se crearon para mejorar la salud. Hasta su desarrollo, la industria alimentaria utilizaba grasa animal (como manteca, sebo o mantequilla) para elaborar sus productos. Pero los científicos descubrieron que estas grasas saturadas elevaban el colesterol y optaron por las grasas vegetales. Sin embargo, desarrollaron un proceso para hacerlas más cómodas de cocinar y que, además, dotaran a los alimentos de una mayor duración y de un sabor menos rancio. Así nació la hidrogenización parcial y las grasas trans.
¿Qué aportan las grasas trans?
Las grasas trans se utilizan porque aportan sabor y mejoran la conservación. En cuanto a la salud, los expertos son claros: el valor nutricional de las grasas trans es nulo, por lo que su consumo no es recomendable.
¿Qué alimentos las contienen?
Las mayores fuentes de grasas trans son los fritos de las cadenas de comida rápida (como los ‘nuggets' de pollo), las patatas fritas de bolsa (y otros aperitivos similares) y la bollería industrial.
¿Cómo se puede averiguar la composición?
EEUU obliga a señalar en el etiquetado la presencia de grasas trans, pero no hay ninguna ley europea similar, por lo que su etiquetado es voluntario. Si en el listado de ingredientes figuran aceites vegetales parcialmente hidrogenados la presencia de grasas trans está garantizada.

martes, 11 de mayo de 2010

El robo de la sanidad pública



11-05-2010

Ángeles Maestro

La privatización de los sistemas sociales emblemáticos, como la sanidad, de lo que se dio en llamar “estado del bienestar” se inscribe en el marco general de las políticas neoliberales
I. Una estrategia general
La privatización de los sistemas sociales emblemáticos, como la sanidad, de lo que se dio en llamar “estado del bienestar” se inscribe en el marco general de las políticas neoliberales que se inauguraron a sangre y fuego en 1973 con el golpe de Pinochet en Chile y continuaron con la operación Cóndor en el sur de América Latina.
Las formas cambiaron en Europa Occidental pero el contenido era el mismo: imponer las recetas de la Escuela de Chicago, cambiando para ello la correlación de fuerzas surgida de la II Guerra Mundial capaz de imponer un desarrollo sin precedentes de los servicios públicos. Los primeros pasos se dieron en Gran Bretaña en 1976 cuando el primer ministro laborista J. Callahan pidió un préstamo al FMI que le fue concedido a cambio de recortes drásticos en el gasto público y de un programa de privatizaciones. En 1979, M. Thatcher aceleró el proceso. La derrota de la huelga minera de 1984-85 y la responsabilidad de las direcciones sindicales británicas y del resto de Europa en el aislamiento misma es emblemática del comienzo de una cadena de retrocesos en la lucha de clases que no ha hecho más que recrudecerse hasta nuestros días.
La imposición de los objetivos centrales del capitalismo neoliberal (déficit público cero, desfiscalización de las rentas del capital, gran disminución del gasto público en servicios sociales, privatizaciones, deslocalización del capital y duras contrarreformas con recortes progresivos de derechos laborales y sociales) se ha hecho mediante un complejo pero sumamente eficaz engranaje de cooptación, compra y desnaturalización de la izquierda institucional, política y sindical, dirigido –mano a mano– por la patronal y los aparatos del estado.
II. La Transición y la maniobra del despiste.
La expansión de las políticas neoliberales y su correlato de ataques a conquistas sociales fundamentales coincidieron con la Transición española y se produjo un relativo retraso en su implantación debido a que, en ésa época, era prioritario para las clases dominantes legitimar ante los pueblos la reforma política de la dictadura. Se puso en marcha entonces un mecanismo cuya rentabilidad parece inagotable hasta ahora: dejar que los ataques más duros contra la clase obrera los ejecutara un sedicente gobierno de izquierdas.
En lo que a la sanidad se refiere se diseñó un proceso lento, pero demoledor, ejecutado por los grandes medios de comunicación de deslegitimación y crítica de lo público por ser “despilfarrador”, “burocrático”, “ineficiente”, “sostenedor de privilegios funcionariales”, etc.
Hubo algunos indicadores significativos de la dirección que tomaba la “democracia” en los servicios sanitarios. Uno de ellos fue la decisión del Conseller de Sanitat del Govern Provisional de la Generalitat de Catalunya (PSUC) ante una sanidad pública muy poco desarrollada (25%) y una sanidad privada en bancarrota: en lugar de incluir el personal y las instalaciones de esta última en el sector público, subvencionó su reflotamiento para a continuación concertar con ella la asistencia sanitaria. Otra de ellas, reveladora del enorme poder de la industria farmacéutica fue el nombramiento de Ernst Lluch, hombre de su confianza, como ministro de sanidad del PSOE en el primer gobierno de Felipe Gonzalez, en lugar de Ciriaco de Vicente, menos obediente a sus intereses.
Tres leyes clave para la sanidad, ampliamente demandadas desde la lucha contra la Dictadura, nacieron castradas en sus planteamientos de avance en el desarrollo de recursos públicos y de su control social: la Ley General de Sanidad (1986), Ley del Medicamento (1990) y Ley de Prevención de Riesgos laborales (1995), antes de Salud Laboral.
III. El guión de la privatización: “confundirse con el paisaje”
En 1989 se publicó en Gran Bretaña “Working for Patients” libro blanco para la privatización del servicio público de salud más importante de Europa Occidental. Este informe que parte del mantenimiento de la financiación pública y de la gratuidad del servicio –en un primer momento– se constituyó en el programa-marco para la mercantilización y la gestión empresarial de la asistencia sanitaria.
Con el mismo objetivo que en el Reino Unido el Congreso de los Diputados crea en 1990, con mayoría absoluta del PSOE y el apoyo de todos los grupos parlamentarios excepto BNG e IU, crea una Comisión para la reforma del sistema sanitario presidida por el banquero y empresario franquista Abril Martorell. Si bien la potente reacción popular impidió la introducción del copago que el Informe preconizaba, las medidas presupuestarias y organizativas preparatorias de la privatización se fueron introduciendo una tras otra, primero por el INSALUD central y luego por las CC.AA, independientemente del color del partido en el gobierno.
La estrategia que se impuso con carácter general es desmontar el sistema poco a poco, precarizarlo y fragmentarlo para privatizar todo lo rentable e imponer en todos los servicios sanitarios públicos la gestión empresarial; es decir, objetivos de ahorro y rentabilidad económica.
De forma sistemática se ralentizó la inversión en los servicios sanitarios públicos al tiempo que se incrementaba a la práctica totalidad de la población el derecho a la asistencia sanitaria, con la correspondiente masificación y deterioro de la calidad. Poco a poco, se fue desmontando el sistema sanitario desde dentro:
- Se privatizaron servicios de limpieza, cocinas, mantenimiento, lavandería, seguridad, archivo de historias, laboratorio, radiología, etc.
- Se introdujo masivamente la precariedad entre los trabajadores de la sanidad.
- De forma lenta, pero sistemática se fueron reduciendo plantillas y camas públicas, al tiempo que se extendía la concertación de las intervenciones quirúrgicas con la sanidad privada.
La hegemonía ideológica de la mercantilización se impuso sin casi resistencia por parte de unos profesionales “progresistas” que aceptaron como “modernización” y “cambios técnicos” transformaciones estructurales en la organización y administración económica de los servicios tales como: separación entre la financiación –siempre pública– y la gestión y provisión de servicios que podía ser pública o privada; el contrato programa, la cartera de servicios, el coste por proceso, etc, que evalúan y financian los servicios en función de objetivos de actividad y de disminución del gasto, y no de mejora de la salud de la población.
La supuesta eficiencia empresarial por el ahorro en el coste de medios diagnósticos y tratamientos (menos estancia media, menos personal, etc.) va de la mano del aumento exponencial del gasto sanitario y el deterioro de la calidad: se incrementan los reingresos, se dispara el gasto farmacéutico, aumentan las demandas por errores médicos o mala práctica, se ocultan los indicadores que permitirían evaluar la calidad de la atención en función de objetivos de salud, y lo que es más grave y determinante, se pone en peligro la salud y la vida de los pacientes.
IV. El negocio del capital privado en la sanidad
La Ley 15/97 de Nuevas Formas de Gestión, votada en el parlamento estatal por PP, PSOE, PNV, CiU y CC establece que todo hospital, centro socio-sanitario o centro de salud puede ser gestionado por cualquier tipo de entidades existentes en derecho; es decir, permite la entrada masiva de la empresa privada directamente en la gestión y provisión de servicios.
La Directiva Bolkestein de la UE, que va aprobándose a trozos, impone la privatización de todos los servicios sociales y la condición de que las empresas de otros países europeos no tengan que someterse a la normativa laboral y de control de calidad del país en el que actúen sino a la del país del que procedan.
Las modificaciones realizadas en el Estatuto Marco han ido sistemáticamente dirigidas al recorte de derechos laborales. Algunos parlamentos autonómicos han ido desarrollando normativas que amplían cada vez más el margo legal de la privatización sin freno alguno, ni por parte del Ministerio de Sanidad, de la Tesorería de la Seguridad Social o Ayuntamientos en cuyo suelo, cedido gratuitamente, se ejecutan las iniciativas sanitarias y socio-sanitarias privadas.
En este escenario es en el que se produce la ofensiva privatizadora actual, que tiene carácter general, aunque los ritmos de avance están modulados por la rentabilidad para el capital de cada servicio en cada lugar y sobre todo por la oposición popular.
En la Comunidad de Madrid, a la cabeza de la privatización de la sanidad, los procedimientos utilizados son los siguientes:
La concesión de la construcción y la gestión por 30 años de los 8 nuevos hospitales a empresas privadas, la mayor parte de ellas constructoras, que huyen así de la crisis del sector. Estas empresas son Dragados, Sacyr (dos hospitales), Acciona, Begar-Ploder, FCC, Hispánica y Apax Partners. La ubicación de los hospitales y sus características no han sido el resultada de planificación, ni análisis de necesidades alguno por parte de la Consejería de Sanidad, sino de estudios de rentabilidad por parte de las empresas adjudicatarias.
La apertura de nuevos hospitales no ha supuesto un aumento, sino una disminución de camas, y no habrá más personal sanitario, ya que éste saldrá en su totalidad de los antiguos hospitales públicos que se han visto obligados al cierre de cientos de camas.
Los pliegos de condiciones no imponen a las empresas ningún tipo de mínimos en cuanto a plantillas para los servicios. Es la empresa la que aplica libremente su criterio. Los resultados son tan esperpénticos como los siguientes:
1. el servicio de Ginecología y Obstetricia del hospital de Arganda hubo de cerrar ante el abandono de las ginecólogas por las condiciones de trabajo; un solo facultativo para quirófano, urgencias y sala.
2. en el hospital de Parla hay una sola limpiadora para todos los servicios durante el turno de noche.
La gestión privada, es decir, la búsqueda prioritaria del beneficio, implica, no solo ahorro en recursos humanos y materiales, sino sobre todo, la selección de riesgos. Este último principio se asienta sobre un hecho determinante en la asistencia sanitaria que utilizan implacablemente las aseguradoras privadas: el 10% de la población –personas mayores y enfermos crónicos– consume el 90% de los recursos. El negocio consiste en evitarlos a toda costa, derivándoles hacia los hospitales públicos.
V. La sustitución del Derecho Público: la pólvora del rey
El asunto que determina la aberración subyacente a la gestión mediante empresas privadas de servicios públicos es la sustitución del Derecho Público por el Derecho Privado en la administración de fondos públicos. El Derecho Público establece mecanismos de control e intervención del gasto, dirigidos a impedir la actuación arbitraria de las administraciones en la gestión del patrimonio y los fondos públicos. El Derecho Privado, que regula el funcionamiento del negocio empresarial, obviamente, no los contempla. El propio interés empresarial, dirigido a la obtención de beneficios con recursos propios, procura la gestión eficiente de la empresa y se ocupa de evitar gastos superfluos.
Ambos mecanismos desaparecen en la gestión privada de servicios públicos: “se dispara con la pólvora del rey”. Los ejemplos del Hospital de Alzira y de las fundaciones gallegas, que tuvieron que ser rescatados de la bancarrota por las Consejerías de Sanidad respectivas, son una buena muestra.
De los indicadores de calidad asistencial básicos, como son la mortalidad comparada, el índice de infecciones hospitalarias, las remisiones a otros hospitales, los indicadores de personal/cama, etc. que servirían para comparar la calidad de la atención pública y privada, nada puede decirse porque no se publican.
La siguiente pregunta es: ¿son legales todos estos cambios? Este proceso de privatización de la Sanidad viene de lejos y se ha llevado a cabo tanto durante los gobiernos del PSOE como del PP y en CC.AA de todo signo político. La clave de bóveda de todo él es la Ley de Nuevas Formas de Gestión, que permite la gestión privada de cualquier centro sanitario. Medio millón de firmas se han recogido ya en http://www.casmadrid.org/ para pedir su derogación.
VI. El copago, llave maestra para la selección de pacientes.
En los últimos meses asistimos a una intensificación del rumor sordo de declaraciones a favor de introducir el copago por el uso de servicios sanitarios y el copago farmacéutico. Haciendo valer el dicho “al revés te lo digo para que me entiendas”, tras la aprobación por el Congreso de los Diputados en marzo pasado de una propuesta por la cual se rechazaba el copago en esta legislatura, se han multiplicado los informes de “expertos” y las declaraciones de personajes representantes de diferentes sectores a favor del copago.
Antes que nada es preciso aclarar el termino “copago” que, al igual que ocurre con todo lo relacionado con la privatización de la sanidad, responde al objetivo de introducir confusión y enmascarar todo lo posible la verdadera naturaleza del hecho que define. Si se habla de “introducir el copago por parte del usuario” de servicios sanitarios y medicamentos, se deduce que hasta ahora el usuario no pagaba. La falsedad es evidente: el presupuesto de sanidad que se transfiere desde el Estado a las CC.AA. se financia con los impuestos –que salen casi en su totalidad de los bolsillos de los trabajadores [1]- y con las cotizaciones a la Seguridad Social.
Lo que se pretende introducir es que los usuarios de la sanidad pública, paguemos además un ticket moderador por acceder a la consulta de atención primaria, al especialista, a las urgencias, pagar las comidas mientras estemos ingresados, un canon por las ambulancias y, sobre todo, que se elimine la gratuidad de los medicamentos para pensionistas, haciéndoles pagar un % de su precio. La gama de propuestas no se agota ahí; se habla también de establecer una “prima única para mayores de 65 años (o antes)”, establecer una lista de prestaciones básicas gratuitas, y pagar una póliza para poder acceder a las restantes (como en EE.UU.), etc.
La Brunete mediática del copago
El buque insignia está integrado por la Consejera de Sanidad del tripartito de Cataluña (PSC, ERC e ICV), el Consejero de Asturias (PSOE) y los de Madrid y País Valenciá (PP); a ellos se sumó el PNV cuando gobernaba en la Comunidad Autónoma Vasca [2]. Solamente la variada composición política de los Consejeros proponentes es suficiente para indicar el calado de la propuesta. Los cuatro se prodigan en declaraciones que reproducen ampliamente los medios de comunicación y que sirven de base a informes de “expertos”, que a su vez dan lugar a nuevas noticias.
Las declaraciones pueden verse en:
26 de octubre: “El Mº de Sanidad presenta un informe que pide el copago pero no lo defiende. Propone que los pensionistas también paguen los fármacos”. El informe es presentado por el Secretario General del Ministerio y los expertos designados por el propio Ministerio pertenecen en su mayor parte a fundaciones y consultoras privadas, entre ellas FEDEA [3].
13 de noviembre. “La CEMS (confederación de sindicatos médicos) defiende el copago" [4].
16 de noviembre. “Expertos desempolvan el ticket moderador. El SNS tendrá un déficit de más de 50.000 euros en 2020”. Informe elaborado por FEDEA y por McKinsey&Company [5] [6].
17 de noviembre. “La Convención Nacional del PP debate el copago sanitario" [7].
24 de noviembre. “Nueve autonomías no tendrán para pagar las recetas. Sanidad está en contra del copago" [8].
30 de noviembre. “ Salgado pide "prudencia" a la hora de plantear el copago en el SNS" [9].
12 de diciembre. “El Partido Socialista de Cataluña asume que los pacientes deberán pagar parte de los servicios sanitarios”. Aunque la Consejera cortó el debate “para evitar costes electorales”, anunció que la propuesta de programa electoral “rompe con el modelo actual de servicios gratuitos y en el que sólo se paga una parte de los medicamentos" [10].
La última andanada viene otra vez de la consejera de sanidad del Tripartito catalán en un artículo publicado en El País el pasado 14 de abril en el que vuelve a insistir en el copago de la mano de la insostenibilidad económica de la sanidad pública. La ofensiva mediática va a ser muy poderosa e irá dirigido a neutralizar la capacidad de respuesta popular.
Aprender del precedente del Informe Abril Martorell
La prudencia con que se apuntan las medidas de copago o de ticket moderador tienen que ver con la conciencia de se está tratando con un material humano altamente sensible: los pobres, los enfermos y, sobre todo, los pensionistas.
El Informe que aprobó hacer el Congreso con los votos de CDS y PSOE en 1991 y encargado por el Gobierno de Felipe González al banquero franquista Abril Martorell, que debía ser la “hoja de ruta” de la privatización de la sanidad, acabó siendo demonizado por todos ante la respuesta sindical (amenaza de huelga general) que suscitaron sus recomendaciones, sobre todo las referidas al copago sanitario y farmacéutico.
Los argumentos actuales hablan de la sostenibilidad del sistema, de dejar aparcada la ideología para buscar el interés general, de lo injusto de que pensionistas con rentas altas obtengan medicamentos gratis, del mal uso de los servicios sanitarios, del aumento desmesurado del gasto sanitario, de los incrementos permanentes de la factura farmacéutica,.. etc, tampoco son muy diferentes.
Lo que ocultan es que imponer el pago directo por el uso los servicios y eliminar la gratuidad de los medicamentos para pensionistas constituye la llave de oro del negocio de la privatización. Aunque la gran mayoría hable del aumento “insostenible” de la factura sanitaria y aproveche la crisis económica para enfatizar el argumento, en publicaciones restringidas se habla de que no es la búsqueda de fondos adicionales -de los que buena parte se iría en burocracia recaudatoria- el objetivo principal. Los que hablan del “imparable” aumento del gasto nada dicen de que este se haya disparado precisamente por las medidas privatizadoras y, sobre todo, en las CC.AA. en las que el proceso de privatización está más avanzado, y que la insuficiencia de recursos y la correspondiente masificación en atención primaria determine incrementos no justificados de la factura farmacéutica.
Las verdaderas razones, inconfesables, van por otros derroteros. En un sector como el sanitario en el que el una pequeña parte de la población (enfermos crónicos, personas mayores y pobres en los que es muy difícil diferencia lo social de los sanitario) consume la mayor parte de los recursos, la gallina de los huevos de oro es “disuadir económicamente” de su utilización a los sectores de población que más necesidades tienen, que más recursos consumen y a los que pagar 2 euros por consulta o el 10% de los medicamentos retrae de su utilización.
Las consecuencias de esta brutal selección de pacientes en función de su rentabilidad para el negocio privado se ocultan por parte de sus impulsores, pero no se ignoran. Estudios realizados en otros países dan cuenta de los graves perjuicios que se ocasiona a la salud, precisamente de grupos que con criterios elementales de salud pública deberían ser, por el contrario, priorizados. Algunas de ellos son: retraso en el diagnóstico de enfermedades, por el abandono de consultas preventivas; agravamiento de las patologías crónicas cuyo control periódico se abandona; incremento en la hospitalización y en el uso de urgencias, con el consiguiente incremento del gasto sanitario; abandono del uso de medicamentos, incluidos los esenciales; degradación de las prestaciones “básicas” incluidas en la póliza pública, que se convertiría en beneficencia para pobres; deterioro de la salud de los sectores de la población con menos recursos.
El largo etcétera que hay que añadir constituye el drama diario al que se tienen que enfrentar los casi 5 millones de parados y al que habrá que añadir el escándalo del copago que afectará sobre todo a los mayores.
Habrá quien crea que no se van a atrever en función del coste electoral que tal medida conllevaría, sobre todo entre los jubilados y pensionistas. En eso han pensado ya: habrá un Pacto por la Sanidad de las características del Pacto de Toledo para las pensiones, de forma que al adoptarlo todas las fuerzas políticas institucionales, al menos PSOE, PP y derechas nacionalistas, la pérdida de voto sea equitativa. Todo ello en aras de los superiores intereses del capital que son a los que verdaderamente representan.
La única duda realmente importante acerca de lo que están preparando, nos afecta a los demás: ¿Vamos a consentirlo?
Notas:
[1] Un somero análisis del escandaloso sistema tributario vigente puede verse en: http://blogs.publico.es/dominiopublico/1518/sicav-una-reforma-necesaria/..
[2] http://www.europapress.es/salud/noticia-cems-defiende-copago-mantener-sistema-sanitario-si-presupuestos-tienen-caracter-finalista-20091113140819.html..
[3] El grupo está integrado por una experta en Servicios Sociales de la empresa Antares Consulting, Montserrat Cervera; el catedrático de Sociología de la Universidad de Alcalá de Henares Gregorio Rodriguez Cabrero y los economistas José Antonio Herce, de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA), y Simón Sosvilla, catedrático de la Universidad Complutense, también vinculado a FEDEA. http://misaludnoesunnegocio.net/actualidad.php?p=1813&more=1&c=1&tb=1&pb=1..
[4] http://www.europapress.es/salud/noticia-cems-defiende-copago-mantener-sistema-sanitario-si-presupuestos-tienen-caracter-finalista-20091113140819.html..
[5] http://www.europapress.es/salud/noticia-sns-tendra-deficit-mas-50000-millones-euros-2020-20091116170010.html..
[6] Este amplio y reciente documento elaborado por FEDEA y McKinsey, que puede considerarse como síntesis de argumentos y análisis hacia el copago y la extensión de la privatización. http://www.cambioposible.es/documentos/sanidad_cambio_posible.pdf..
[7] http://www.diariomedico.com/2009/11/17/area-profesional/sanidad/la-convencion-nacional-del-pp-debate-sobre-el-copago-sanitario..
[8] http://www.diariomedico.com/2009/11/24/area-profesional/sanidad/nueve-autonomias-no-tendran-dinero-para-pagar-las-recetas..
[9] http://www.europapress.es/salud/noticia-salgado-pide-prudencia-hora-plantear-copago-sns-recuerda-son-ccaa-quienes-deben-pedirlo-20091130185141.html..
[10] http://www.elpais.com/articulo/cataluna/PSC/asume/pacientes/deberan/pagar/parte/servicios/sanitarios/elpepiespcat/20091212elpcat_9/Tes..Fuente: http://www.kaosenlared.net/noticia/el-robo-de-la-sanidad-publica

sábado, 8 de mayo de 2010

La ‘farmacia’ de los pobres

08 May 2010

AITOR ZABALGOGEAZKOA
A finales de abril entraron en su recta final las negociaciones para el nuevo Acuerdo de Libre Comercio entre la Unión Europea e India, con vistas a cerrar el tratado antes de finales de año. Conocemos pocos detalles porque se han desarrollado fundamentalmente a puerta cerrada, pero lo poco que ha trascendido en los últimos meses sobre las disposiciones relativas a las patentes farmacéuticas resulta extremadamente preocupante, ya que podría tener consecuencias en las vidas de millones de pacientes en los países en desarrollo.La UE está presionando a India para que acepte disposiciones relativas a la propiedad intelectual que, de ser aceptadas, restringirían considerablemente la producción y exportación de genéricos indios, en especial ampliando el tiempo de vida de las patentes más allá de los 20 años actuales y permitiendo la sistematización de las incautaciones por funcionarios europeos de genéricos indios en tránsito hacia terceros países. El impacto de tales disposiciones sería global, ya que India se ha convertido en la farmacia de los países pobres.Y es esto lo que está en juego en estas negociaciones que se celebran en Bruselas y Nueva Delhi, tan lejos de los centros de salud a los que acuden los pacientes sin recursos: el acceso a medicamentos esenciales allí donde más necesarios son, y en particular el de millones de enfermos de VIH/sida a terapias asequibles, tal y como ha venido siendo posible desde que, en 2001, saliera al mercado la primera triterapia a base de genéricos indios al precio de un dólar al día, 30 veces más barata que las formulaciones de marca disponibles entonces.Esta competencia forzó la reducción del precio en más de un 99% en los siguientes años. Sin ella, ninguno de los sistemas de salud, agencias especializadas y organizaciones que hoy tratan a pacientes sin recursos podrían haber ampliado sus cohortes a los volúmenes actuales. El 92% de los pacientes con VIH en tratamiento en los países en desarrollo reciben genéricos, y en su inmensa mayoría son indios: lo son entre el 70% y el 80% de los fármacos utilizados o financiados por el Fondo Global contra el Sida de la ONU, el Banco Mundial, la Fundación Clinton o el Programa Presidencial de Emergencia de Asistencia para el Sida (PEPFAR, en sus siglas en inglés) de EEUU, y el 80% de los utilizados por Médicos sin Fronteras.Para el sector farmacéutico, la cuestión está clara: la competencia de los genéricos fuerza reducciones de precios. Y desde la perspectiva médico-humanitaria, la cuestión es precisamente la misma: la reducción de precios, y con ella la posibilidad de que los medicamentos esenciales sean asequibles para millones de pacientes pobres, los mismos pacientes que de todas formas la industria farmacéutica no considera mercado.Ya nos hemos acostumbrado a que los gigantes farmacéuticos, los gobiernos de los países donde tienen sus sedes e influencias (y los pasillos de Bruselas son buena muestra de su capacidad de lobby), e incluso la prensa económica, se rasguen las vestiduras cada vez que asoma el debate sobre el genérico indio. La supuesta debilidad del sistema de propiedad intelectual, que en teoría impulsa la innovación, no se corresponde con la realidad: no sólo la última década ha sido la del refuerzo de patentes, sino que además han sido años de desprecio de la I+D por las enfermedades que afectan a la parte pobre del planeta.En 2001, la Declaración de Doha, adoptada por la Organización Mundial de Comercio, establecía que los beneficios económicos no deben estar por delante de la salud pública. Doha completaba las flexibilidades previstas en los Acuerdos ADPIC sobre Aspectos del Comercio relacionados con la Propiedad Intelectual. La Ley india de Patentes de 2005 cumplía con ambos, abriendo la posibilidad de registrar medicamentos con patentes de 20 años, pero estableciendo salvaguardas para evitar registros abusivos de fármacos que no suponen una innovación.Los intentos de las farmacéuticas de erosionar en los tribunales estas salvaguardas son constantes. Aún tenemos fresca en la memoria la demanda presentada por Novartis contra la Ley india, cuya constitucionalidad sigue ahora discutiéndose ante el Tribunal Supremo de ese país.Pero lo que cuesta conseguir en los tribunales se está imponiendo a golpe de tratado comercial: los acuerdos de libre comercio negociados por la UE y Estados Unidos con países en desarrollo han impuesto estándares más rigurosos que los previstos en los ADPIC, ampliando los monopolios de las farmacéuticas europeas y norteamericanas, restringiendo la competencia de genéricos y manteniendo precios prohibitivos. Y ahora, este nuevo tratado que ultiman la UE e India podría ser el golpe de gracia para los genéricos indios.Tanto la UE como India se comprometieron a cumplir con la Declaración de Doha. En enero, el comisario europeo de Comercio, Karel de Gucht, prometió seguir “muy de cerca” las negociaciones para asegurarse de que “no impidan el libre comercio de medicamentos genéricos”. “Yo me ocuparé personalmente de que así sea”, fueron sus palabras.Lo poco que se ha filtrado, desde luego, no llama a la esperanza. Desde Médicos Sin Fronteras le hemos pedido al Gobierno español, que ocupa la presidencia de turno de la UE, que vele por que el Acuerdo de Libre Comercio con India no acabe con la producción y exportación de los medicamentos genéricos indios. Medicamentos que, hoy por hoy, no lo olvidemos nunca en el debate, salvan cada día millones de vidas en los países sin recursos.

Aitor Zabalgogeazkoa es director general de Médicos sin Fronteras

sábado, 1 de mayo de 2010

¿Estado versus mercado? El falso dilema

Vicenç Navarro
Sistema Digital
El desarme ideológico de las izquierdas explica que muchas de ellas hayan adoptado el esquema ideológico de las derechas, con las consecuencias que todos estamos viendo: la enorme crisis financiera y económica que estamos experimentando, y en cuya génesis encontramos las políticas liberales promovidas por los gobiernos de derechas y reproducidas en gran número de políticas llevadas a cabo por gobiernos de centroizquierdas.
Así pues, en la Unión Europea (UE), existe consenso en las instituciones europeas -desde el Consejo Europeo, a la Comisión Europea, pasando por el Banco Central Europeo-, de que hay que “apretarse el cinturón” y hacer sacrificios, lo cual quiere decir (en la mayoría de foros en que esta llamada a la austeridad se realiza) que hay que bajar los salarios (a través de reformas del mercado laboral, cuyo resultado será la disminución de la capacidad adquisitiva de las clases populares), y disminuir el gasto público para reducir el déficit y la deuda pública. Estas políticas se desarrollan dentro de un marco teórico en el que se considera que el mercado debe ser el que determine la distribución de los recursos, disminuyendo el intervencionismo del Estado que dificulta el desarrollo y la eficiencia económica. Hoy, tanto las derechas como las izquierdas gobernantes comulgan con este credo. Y las diferencias políticas se reducen a cuánto mercado versus cuánto Estado necesita la economía. Las izquierdas favorecen, en general, que el Estado tenga una función reguladora mayor y las derechas que la tenga menor. Pero por lo demás, ambas –las derechas y las izquierdas- coinciden en que el mercado debe ser el centro del quehacer económico. Debido al enorme dominio de las derechas en los medios de información y persuasión, esta teoría ha alcanzado la categoría de dogma y como tal se reproduce a base de fe, en lugar de a partir de evidencia científica, puesto que ésta última demuestra claramente que este marco teórico no define la realidad existente hoy en la actividad económica que nos rodea. El presidente Reagan, el gran gurú del pensamiento liberal (la sensibilidad dominante en las derechas, no sólo estadounidenses, sino también europeas), fue el presidente que aumentó más el intervencionismo público a base de incrementar considerablemente el gasto público durante su manato (de 21,6% al 23% del PIB) mediante el mayor crecimiento de los impuestos que un gobierno federal haya llevado a cabo en tiempo de paz en EEUU (reduciendo la carga fiscal del 20% de renta superior de la población, los más ricos de EEUU, pero aumentando la del 80% restante de la población) y permitiendo un gran crecimiento del déficit federal. El crecimiento del gasto público se dedicó, predominantemente, a tecnología militar y a subvenciones a las grandes corporaciones. Como bien dijo el ideólogo del pensamiento liberal en EEUU, John Williamson, “tenemos que reconocer que lo que el gobierno Reagan promueve a nivel internacional, no lo hace en su propio país” (Institute for Internacional Economics, Washington DC, 1986). El último ejemplo de la falsedad del modelo teórico “mercado versus Estado” es lo que ocurre con el gasto farmacéutico. El capítulo farmacia consume alrededor de un 25-30% del gasto sanitario en la mayoría de países de la OCDE (en España es el 32%). Ello supone muchos millones de dólares o euros. EEUU se gasta 250.000 millones de dólares en productos farmacéuticos. Ahora bien, un porcentaje muy elevado (74%) es para comprar productos que tienen un precio inflado, resultado de estar patentado. Es decir, que para compensar lo que la industria farmacéutica define como costes de investigación, el Estado le permite durante varios años tener un monopolio en la venta del producto, inflando su precio. No hay, pues, mercado que valga. Según el sistema de patentes, el Estado no permite que haya mercado. Esta práctica ocurre constantemente en el mal llamado libre mercado. Bill Gates no existiría si no hubiera sido porque el Estado le dio el monopolio de Windows, prohibiendo alternativas. De ahí la enorme fortuna de uno de los personajes más ricos del mundo. No fue el mercado, sino el Estado el que creó a Bill Gates (permitiéndole unos ingresos de 60.000 millones al año, lo cual no podría ser de no existir tal patente). Pues bien, los costes que supone para la ciudadanía el sistema de patentes garantizadas por el Estado se calcula que es alrededor de un 6,6% del PIB en EEUU (casi la tercera parte de los ingresos del Estado federal). Recuerden que en todo ello el mercado no tiene nada que ver con eso. Estamos hablando de un monopolio garantizado por el Estado.
Frente a esta situación, comienza a cuestionarse la situación monopolista garantizada por el Estado. Así, Dean Baker, del Center for Economic and Policy Research de Washington (una de las mentes más claras dentro de la comunidad de economistas estadounidenses), ha propuesto que el Estado sea el que haga la investigación aplicada (que realiza la industria farmacéutica), además de la básica (que realiza el gobierno federal). En la investigación farmacéutica, el gobierno federal realiza la mitad de toda la investigación que se realiza en EEUU (en sus centros de investigación sanitaria y, muy en especial, en los National Institutes of Health: NIH), centrándose en investigación básica (30.000 milloneas de dólares). Si hiciera también la otra mitad, que se centra en investigación aplicada (que ahora hace la industria farmacéutica), entonces podrían eliminarse todas las patentes, con lo cual la sociedad y el Estado se ahorrarían enormes cantidades de dinero, permitiendo además que el mercado funcionase en la distribución del producto. La intervención pública permitiría entonces el desarrollo del mercado, en lugar de obstaculizarlo como ahora, abaratando enormemente el producto. Así hoy, un nuevo tratamiento de cáncer, consecuencia de un nuevo producto basado en la ingeniería genética, cuesta 250.000 dólares al año, lo cual excluye en EEUU a la mayoría de la población. Si no existiese la patente (y el Estado hubiera hecho la investigación) costaría sólo 200 dólares.
Ahora bien, en la UE esto no puede hacerse, pues la UE prohíbe que el Estado intervenga para eliminar las patentes, sustituyendo a la industria privada, que requiere el monopolio. De ahí que el que termina haciendo el sacrificio es el usuario. ¿Por qué no la industria farmacéutica? Pues la respuesta es fácil de obtener. Porque la industria farmacéutica es poderosísima. Así de claro. La cuestión no es mercado versus Estado, sino al servicio de quién está el Estado. Y cuando se hace la petición de que hay que apretarse el cinturón siempre se piensa en las clases populares como las que tienen que hacer el sacrificio y nunca en los grandes grupos fácticos que ejercen un enorme control sobre las instituciones políticas. ¿Hasta cuándo durará esta situación?