domingo, 15 de mayo de 2011

Organizaciones mediambientales y sindicales reclaman una ley europea contra la exposición a los disruptores endocrinos



Agencias Publicado el miércoles 11 de mayo de 2011, 17:46 h.

MADRID, (EUROPA PRESS)Varias organizaciones medioambientales, sindicales y de consumidores, como Greenpeace, Comisiones Obreras (CC.OO) o la Fundación de Prevención del Cáncer, entre otros, exigen a la Comisión Europea y a los estados miembros que adopten las medidas necesarias para evitar la exposición de los ciudadanos a los disruptores endocrinos ya que, según aseguran, pueden provocar cáncer y disfunciones hormonales.En concreto, explican que los disruptores endocrinos se pueden encontrar, por ejemplo, en cosméticos y productos de higiene personal, protectores solares, envases, juguetes, en el trabajo, en los alimentos y en el agua. Asimismo, también se encuentran en las tintas de impresión, pinturas, gasolina o conservantes de madera, entre otros.El problema, aseguran, son sustancias capaces de interferir en los procesos hormonales y provocar serios daños en la naturaleza y la salud humana, causando un deterioro de la salud reproductiva (masculina y femenina) y una mayor incidencia de cánceres relacionados con trastornos hormonales, enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes y problemas neurológicos como déficit de atención.Ante dicho riesgo, estas organizaciones piden a las autoridades competentes europeas que tomen medidas para evitar la exposición a estos disruptores, acelerando la aplicación de la norma REACH de control de sustancias químicas."El uso de estas sustancias debe estar sujeto a restricciones o autorizaciones y se deben eliminar sin demora cuando existan alternativas, ya que pueden entrar en contacto con el medio ambiente o con la población afectando a los sectores más vulnerables, como niños, mujeres en edad fértil o embarazadas", explica CC.OO en un comunicado.De este modo, consideran que "un buen punto de partida" para identificar aquellas sustancias que requieren un control prioritario bajo la legislación REACH sería incluirlas en un listado de sustancias "altamente tóxicas" presentada recientemente.Dicho listado, conocido como "SIN 2.0", identifica 22 sustancias altamente preocupantes identificadas únicamente por sus propiedades de alteración endocrina, entre las que destacan los ftalatos, utilizados para ablandar plásticos, los parabenes (usados como conservantes en muchos productos cosméticos y de cuidado personal), filtros ultravioletas utilizados en los protectores solares, o el bisfenol A (BPA), que se emplea en el envasado de alimentos.

El compuesto Bisphenol



ESTUDIO CLINICO
El compuesto Bisphenol A (BPA) es ampliamente usado en la producción de botellas de plástico transparente y para forrar bandejas de hojalata. Científicos en Japón sostienen que una pequeña muestra de estudios indican una relación entre abortos recurrentes y el Bisphenol A (BPA), según informa hoy Food Production Daily. Este producto químico ya había sido anteriormente señalado como posible causante del cáncer de pecho. Las conclusiones de este nuevo estudio constituyen la tercera llamada de atención a la industria de plásticos durante el pasado mes.El Bisphenol A (BPA) es ampliamente utilizado para el envasado de comida (botellas, latas, juguetes, pasta dental..). El último estudio indica que a las mujeres con historiales de abortos le fueron encontrados altos niveles de BPA en sus cuerpos. Los resultados de este estudio han sido publicados en un reciente artículo en el número actual de la revista Human Reproduction.Las mujeres que habían tenido abortos les fueron encontrados niveles de BPA tres veces más alto que a las mujeres que habían tenido embarazos normales. Los científicos afirman que sus descubrimientos están basados en un estudio preliminar y que son necesarias más investigaciones sobre los efectos de los productos químicos en la reproducción humana.Anteriores estudios -1995- encontraron que el liquido en algunas latas en conserva contenía BPA y el químicamente relacionado dimethyl bisphenol-A. Los mayores niveles de BPA fueros encontrados en latas de guisantes. El BPA también fue encontrado en el líquido de latas de anchoas, alubias, vegetales y champiñones. Todos los líquidos que contenían BPA resultaron ser estrógenos para las células del cáncer de mama. En 1997 los investigadores Fred vom Saal y otros de la University of Missouri-Columbia concluyeron que el BPA era dañino para los humanos y que su uso debía ser prohibido.Los estrógenos se refieren al grupo de hormonas esteroides, producidas por los ovarios, que controlan el crecimiento y funcionamiento de los órganos sexuales femeninos y y otras características sexuales secundarias, tales como el desarrollo del pecho.

sábado, 14 de mayo de 2011

Mutuas patronales y complacencia


Vicenç Navarro
Público
En un artículo reciente (05-05-11) critiqué a las Mutuas patronales de Accidentes y Enfermedades Laborales por su subregistro de las muertes causadas por enfermedades relacionadas con el trabajo (de las 16.000 que ocurren al año sólo cinco habían sido registradas por tales mutuas en 2009). Indicaba que tal subregistro perjudica a los familiares de los fallecidos al no compensárseles debidamente y, también, a los sistemas públicos de sanidad de las comunidades autónomas por no pagarles la atención que están proveyendo a los enfermos por causas laborales (casi dos millones, de los que las mutuas registran sólo 30.000 casos). Subrayaba que ello no era por falta de medios, pues la diferencia acumulada entre ingresos a tales mutuas –procedentes de las aportaciones empresariales (que derivan de las rentas del trabajo en las empresas)– y los gastos había alcanzado en 2010 la cifra de 5.000 millones de euros, cantidad que debiera ir, en mi opinión, a aumentar significativamente el número de beneficiarios (corrigiendo el subregistro de muertes y enfermedades laborales) y a pagar la asistencia sanitaria a las comunidades autónomas, que con razón están clamando al cielo para que se les pague. Terminaba mi artículo con una crítica al Estado por permitir esta situación que definí como escandalosa.
Predeciblemente, la autoridad máxima del Estado responsable de la supervisión de tales mutuas, el secretario de Estado de la Seguridad Social, Octavio Granado, respondió a mi artículo (10-05-11) acusándome de desconocer el funcionamiento de tales mutuas (y los cambios ocurridos en su gestión) y de exagerar la naturaleza del problema, tanto el subregistro de las muertes por enfermedades laborales profesionales, como la cantidad de recursos disponibles de tales mutuas. He sido estudioso de los sistemas de protección social y laboral en países desarrollados (incluido España) durante más de 40 años, habiendo asesorado en estos temas a muchos gobiernos, incluido el español. Y he sido también asesor de las autoridades sanitarias de varias comunidades autónomas. Sé, pues, de lo que hablo. El problema no es mi inexistente ignorancia, sino la extraordinaria complacencia de quien me acusa. Veamos los datos.
Estas mutuas patronales alcanzaron un gran auge durante una dictadura que las protegió. Y aunque durante los gobiernos socialistas han ocurrido muchos cambios, estos no han resuelto el mayor problema, que radica en el excesivo poder que el mundo empresarial tiene en tales mutuas. Los equipos directivos de tales mutuas los nombra el mundo empresarial. De ahí deriva una cultura empresarial responsable de la situación que yo critiqué en mi artículo. Soy consciente de que la Seguridad Social las supervisa y las audita. Pero la manera como interpretan las normas dictadas por el Estado y su excesiva astringencia expresa un sesgo en contra de los posibles beneficiarios –los trabajadores–. Es cierto que el Gobierno socialista añadió la posibilidad de que aquellos casos de enfermedades profesionales denegados por las mutuas pudieran ser recurridos e ir además a la Oficina de Reclamación que el Gobierno socialista estableció. Pero lo que Granado no dice es que frecuentemente las mutuas llevan después tales casos a los tribunales y el enfermo tiene que enfrentarse a su enorme poder y pierde. Es más, el elevado número (dos de cada tres casos) en que el recurso les da la razón a los familiares y/o enfermos –después de que las mutuas les habían negado el beneficio– muestra su sesgo discriminatorio. ¿Por qué entonces no cambiar el proceso y la cultura empresarial que dirige las mutuas en lugar de añadir una Agencia de Reclamación? Hay un claro conflicto de intereses en tales mutuas, pues sus ingresos aumentan cuando el número de enfermos profesionales que registran disminuye. En realidad, en muchos países no existen tales mutuas patronales y su función la cumple el Estado directamente.
Granado niega que haya tal sesgo, e incluso que haya un subregistro de muertos por enfermedades laborales (profesionales). Tan sorprendente postura se basa en dos supuestos erróneos. Uno es que –según él– no hay (excepto los cinco casos que las mutuas registran) personas con enfermedades laborales que mueran durante el periodo en que están trabajando. Esto no es cierto. Hay miles de enfermos de silicosis, del amianto, de cáncer laboral y otras enfermedades profesionales que mueren mientras trabajan sin que se les haya reconocido que tienen tales enfermedades. El otro supuesto erróneo es asumir que todos los enfermos con tales condiciones son diagnosticados y pasan a recibir una pensión por incapacidad de manera que cuando mueren se registran en el apartado de pensionistas. Granado cita que hay 294 casos. Pero, sumando los cinco casos registrados por las mutuas a estos 294 casos, nos da que en España se registran sólo 299 muertes (del total de 16.000). Es obvio que algo no está funcionando y que el criterio para definir una enfermedad profesional es excesivamente restringido y que, para empeorarlo todavía más, las instituciones que lo interpretan son instituciones empresariales.
Por último, Granado, no interpretando correctamente lo que yo escribí, me acusa de inflar los recursos disponibles de las mutuas. Indiqué en mi artículo que la diferencia acumulada entre ingresos y gastos en este sistema mutual era de 5.000 millones de euros en 2010. Esta cantidad es precisamente la misma que utiliza Granado –que llama “reserva”– y que Jesús Uzkudun, secretario de Salud Laboral de CCOO del País Vasco (uno de los mayores conocedores de tales mutuas) ha llamado correctamente “superávit”. Las prácticas contables de tales mutuas son de escasa credibilidad, tal como ha señalado el Tribunal de Cuentas (informe nº 829, de 2009), el cual concluye que “su gestión y sus prácticas contractuales no se ajustan a los principios de objetividad y transparencia a los que deben adecuarse los sujetos integrantes del sector público estatal” (pág. 28). Estos fondos debieran ir a corregir el subregistro y a pagar a las comunidades autónomas para la atención a los enfermos laborales. El hecho de que no se haga es más que preocupante; es indignante.
Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas en la Universitat Pompeu Fabra
Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/3375/mutuas-patronales-y-complacencia/

jueves, 12 de mayo de 2011

El trabajo mata,el paro también

Andrés Terol
Martes 11 de mayo de 2010
Cuando hablamos de las víctimas de accidentes laborales o enfermedades profesionales, generalmente, nos referimos a trabajador@s en activo. Sin embargo, nadie se acuerda de las paradas y parados que, de manera invisible para los datos oficiales, ven como su salud se deteriora a causa de la falta de empleo.
Los parados pertenecen a la misma clase obrera; como tal, sufren sus consecuencias y, por lo tanto, son arrastrados a la marginalidad más vulnerable. La falta de recursos económicos, la desconfianza, la falta de respuestas por parte de los que nos gobiernan y la consecuente pérdida de autoestima, entre otros factores, provocan en la persona parada un cambio negativo en su estado de ánimo. Ésto, a su vez, se manifiesta en su cuerpo de forma patológica. La ansiedad, el estrés, la depresión, las enfermedades cardiovasculares, las alteraciones nerviosas, el alcoholismo, la drogadicción, el suicidio, la desnutrición (dependiendo del caso)…son algunas de las consecuencias directas del desempleo.
¿Y de quién es la culpa? El responsable del paro es, en primer lugar, el sistema capitalista, incapaz de garantizar un estado de bienestar. Los otros culpables son aquellos que actuan como engranajes del sistema: banqueros, políticos y empresarios que anteponen sus propios intereses a las necesidades básicas de la clase trabajadora. En este mundo injusto, si no trabajamos no podemos satifaces tales necesidades. Una persona sin trabajo no cobra; sin dinero no come y sin comida, enferma o se muere y, en ocasiones, roba y es encarcelada.
Por todo esto reivindico que sean reconocidas las enfermedades profesionales provocadas por la crisis y que las cifras sean visibles y transparentes.
Más información en www.stopaccidenteslaborales.blogspot.com www.prouaccidentslaborals.blogspot.com
Gracias compañeros por darnos la oportunidad de opinar.

jueves, 5 de mayo de 2011

El escándalo de las mutuas patronales


05 may 2011

VICENÇ NAVARRO
La mayoría de la ciudadanía no conoce ni está informada sobre las Mutuas Patronales de Accidentes y Enfermedades Laborales, que tienen un enorme poder. Sus decisiones afectan al bienestar y calidad de vida de la mayoría de la población trabajadora en el país. Son mutuas establecidas para compensar a las familias de los trabajadores que mueren en accidentes laborales, o quedan incapacitados temporal o permanentemente como consecuencia de aquellos accidentes, o enferman como resultado de causas laborales. Se financian con aportaciones empresariales que, en realidad, son aportaciones basadas en las rentas del trabajo originadas en la empresa. Las cantidades que tales mutuas manejan son enormes. En 2010, la diferencia entre los ingresos y los gastos fue la impresionante cifra de 5.000 millones de euros. Estos fondos son gestionados por representantes del mundo empresarial que son también los que, en la práctica, gestionan los criterios de compensación a los trabajadores y el criterio de definir si las causas de la muerte, de incapacidad y/o enfermedad son laborales o no. Es esta capacidad de definición la que les da un enorme poder, que hasta hace muy poco no se ha cuestionado. Estas mutuas señalan que no son ellas, sino el Estado, quien define tales criterios. Según ellos, lo que la mutua hace es meramente aplicar la normativa oficial. La realidad, sin embargo, es muy distinta.Como resultado de este poder, España se encuentra en una situación única en los países de la OCDE (el club de países más ricos del mundo): la de no haber tenido ninguna muerte debido a una enfermedad por causa laboral en 2000, en 2001, en 2002, en 2003 y en 2004. Y en 2005, por primera vez, tres personas –según las cifras oficiales aportadas por tales mutuas– murieron por enfermedades laborales. Este número no ha variado desde entonces. En el año 2009 continuaban siendo tres. Ningún otro país de laOCDE se encuentra ante esta situación de subregistro tan importante de mortalidad debido a enfermedades laborales. Es una situación que puede y debe definirse como escandalosa.En realidad, es muy fácil calcular el número de muertes que España tiene como consecuencia de enfermedades adquiridas en el lugar de trabajo. Estos datos pueden obtenerse extrapolando la experiencia en otros países con poblaciones laborales parecidas que tengan condiciones de trabajo semejantes a las existentes en nuestro país. Según el Grupo de Investigación de Salud Laboral de la Universidad Pompeu Fabra, en España se mueren alrededor de 14.000 hombres y más de 2.000 mujeres por enfermedades contraídas en el lugar de trabajo. Cada año hay 9.400 muertos de cáncer, 3.600 muertos de enfermedades cardiovasculares y 1.700 muertos de enfermedades respiratorias causadas en el lugar de trabajo. Y ninguna (repito, ninguna) de ellas aparece en el registro oficial de muertes de causa laboral de tales mutuas, que son las que suministran este tipo de datos.Esto quiere decir que las mutuas no pagan las compensaciones debidas a los familiares de los fallecidos, consiguiendo un ahorro y unos beneficios claramente exuberantes. Aun cuando se definen como entidades sin afán de lucro, los ingresos entre los dirigentes y gestores de estas mutuas, así como los pagos por dietas complementarias, están entre los más altos en el mutualismo español.Un tanto semejante ocurre con las enfermedades laborales, que apenas se registran en tales mutuas. Sólo se registran 30.000 casos anuales, la inmensa mayoría de ellos leves y sin baja. Las cifras reales, sin embargo, son mucho más grandes: cerca de dos millones de personas padecen enfermedades laborales (un 9% de los trabajadores y un 13% de las trabajadoras). De nuevo, el ahorro de las mutuas, basado en este subregistro, es enorme. Su tasa de beneficios depende de este subregistro y a ello dedican una gran cantidad de recursos: abogados, “expertos” laborales y otros que constantemente y diariamente testifican en los tribunales negando la causa laboral de las enfermedades y de las muertes. Lamentablemente, no ha habido ningún canal de televisión público o privado que haya hecho un reportaje crítico de una de las prácticas más escandalosas existentes en nuestro país.Esta situación no es sólo injusta para los muertos y sus familiares, así como para los pacientes de tales enfermedades, sino también para la ciudadanía en general, pues es esta la que paga los impuestos que financian –a través del sistema público sanitario– los cuidados médicos de tales enfermedades, cuando en realidad debieran ser pagados por tales mutuas. Una cifra que puede dar una idea de ello es que el 18% de los enfermos hospitalarios (estimación muy conservadora del Observatorio Social de España) tienen enfermedades laborales. El coste para el servicio público sanitario de atender a estos y otros enfermos por causas laborales representa un 14% de todo el gasto sanitario (cifra que, de nuevo, es muy conservadora, pues es más que probable que alcance el 20%). Si se corrigiese esta situación y las mutuas patronales pagaran esta cantidad al sistema público sanitario, el Estado y el Gobierno de la Generalitat se podrían haber ahorrado los recortes del 10%.¿Ocurrirá? No es probable. ¿Por qué? Por la misma razón que el Estado no ingresa los 76.000 millones de euros al año debido al fraude fiscal. La respuesta a ambas preguntas es la enorme influencia que los grandes poderes fácticos –entre los cuales destacan la banca, las compañías de seguros y las mutuas patronales, así como el mundo de las grandes empresas– tienen sobre el Estado (sea este central o autonómico). Así de claro.


Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y excatedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona

martes, 3 de mayo de 2011

La enfermedad profesional y el negocio de la ocultación


Jesús Uzkudun
Gara
Hacer visibles las enfermedades profesionales es el mayor reto preventivo del sindicalismo actual y de los defensores de la sanidad pública; un objetivo que no puede ni debe reducirse al Día Internacional de la Seguridad y Salud en el trabajo que conmemoramos hoy.
Durante años, la actividad realizada por los servicios de Prevención en las empresas vascas, en el mejor de los casos, se ha reducido a evitar los accidentes. Este es sin duda un problema dramático y de mayor dificultad a la hora de ocultarlo. Sin embargo, las jornadas laborales perdidas por los accidentes no suponen ni el 10% de los daños o días de trabajo perdidos fruto de la precaria protección de la salud de los trabajadores, cuando se ignora la prevención de las enfermedades profesionales y los riesgos que las generan.
De manera lenta pero progresiva y gracias al esfuerzo de todos, los accidentes han disminuido; consecuencia también de la destrucción de empleo en sectores de riesgo. Pero todavía es necesario reforzar la acción preventiva y acabar con esa lacra, reforzando los recursos preventivos y ampliando la acción preventiva al conjunto de los riesgos laborales.
El Decreto 1299/2006 sobre el Cuadro de Enfermedades Profesionales generó unas expectativas ilusionantes sobre la visualización de las enfermedades laborales que finalmente quedaron frustradas. Se redujeron radicalmente las cifras de enfermedades reconocidas, aumentó el rechazo y los recursos judiciales por parte de las Mutuas patronales a la hora de asumir el pago de las prestaciones económicas. Las enfermedades de tipo profesional, en su mayoría, no son instantáneas a la exposición tóxica o a unas condiciones de trabajo insalubres; estas dolencias aparecen décadas más tarde. La mortalidad ligada a enfermedades con un largo periodo de latencia, como el cáncer, la neumoconiosis, la silicosis, aparecen cuando el enfermo está punto de finalizar su vida laboral, incluso tras la jubilación.
En el caso de las cifras del reconocimiento del cáncer profesional por ejemplo, en nuestro país éstas deberían multiplicarse por 150 para equipararse a las del entorno europeo. De ahí la importancia de la comunicación de sospecha del origen profesional de las enfermedades por parte de los profesionales sanitarios de Osakidetza y Servicios de Prevención, tras sus revisiones médicas. No podemos olvidar que un 20% de los trabajadores vascos está expuesto a sustancias cancerígenas.
Osakidetza ha comunicado sólo 57 sospechas de enfermedad profesional en 2010, lo cual denota el «pasotismo» de sus gestores políticos. Supone además el deterioro de nuestra sanidad pública que asume costes económicos millonarios que corresponden a las Mutuas. Y para colmo, nos hablan del necesario «copago» por los servicios. Por su parte, los Servicios de Prevención comunicaron 918 sospechas el pasado año. De ellas 767 fueron realizadas por Prevención Mutualia. Es evidente que el resto de los Servicios de Prevención eludieron comunicar pérdidas auditivas u otras enfermedades porque su reconocimiento es genérico y estéril desde el punto de vista preventivo. El dumping que practican algunos Servicios de Prevención está a la orden del día. El contrato con empresas para realizar la vigilancia sanitaria de los trabajadores, oscila entre 30 y 67 euros por trabajador al año. Quien abarata los precios, favorece el fraude y no tiene tiempo para comunicar sospecha de las enfermedades detectadas. Esta es una práctica fraudulenta con la que urge acabar.
El Gobierno Vasco, así como Osalan, están comprometidos con un mayor control de las actuaciones de esas entidades. El Área de Salud Laboral de CCOO Euskadi considera que ha llegado la hora de poner a prueba la calidad de su práctica.
Asumimos el reto de denunciar sus malas prácticas. Por esta razón, llamamos a los profesionales de los Servicios de Prevención, obligados a realizar prácticas en contra de su ética profesional, a colaborar. Mejorando su labor y asesoramiento preventivo evitarán un desprestigio que les ocasione el cierre y el desempleo. Resultado de la acción de CCOO, reconociendo las enfermedades profesionales, el crecimiento de Hipoacusias, canceres por amianto, silicosis, etc., ha sido exponencial, situando a Euskadi con un 17,46% del total de las enfermedades y un 23,92% de las sin baja.
Si la enfermedad profesional queda oculta, desaparecen los motivos para prevenir los ambientes tóxicos, los movimientos repetitivos o malas posturas y se olvida la mejora de las condiciones de trabajo. Resultado de esas malas prácticas, las Mutuas hacen su negocio. Alardean de la eficacia de su gestión, con un superávit de 5.000 millones de euros el año pasado, gracias a la externalización de las enfermedades y sus costes a Osakidetza. La CEOE y otras fuerzas neoliberales reclaman reducir las cotizaciones por accidente y enfermedad profesional y esto hay que impedirlo.Jesús Uzkudun Illarramendi Secretario de Salud Laboral y Medio Ambiente de CCOO.

lunes, 2 de mayo de 2011

Riesgos invisibles en la comida


27-04-2011
Los grandes niveles de polución son asimilados por nuestro cuerpo a través de la alimentación.Riesgos invisibles en la comida
Héctor Rojo Letón
Diagonal
El mercurio en los grandes pescados y productos químicos como los plaguicidas se introducen en algún momento en la cadena alimentaria. A pesar que desde 2004 está en vigor el convenio deEstocolmo para evitar los Contaminantes Orgánicos Persistentes en nuestra dieta, la alimentación es uno de los mayores causantes de contaminación en nuestro cuerpo.El ‘efecto cóctel’, es decir, la existencia de varios contaminantes, aunque con niveles permitidos, en cada alimento, es la mayor preocupación de los especialistas. "Generalmente, la producción de verduras de hoja verde así como productos animales como leche y huevos son de mayor preocupación sobre una posible contaminación", indicaba la Organización Mundial de la Salud a principios de abril, después de que la propietaria de Fukushima vertiera miles de litros de agua contaminada al mar. Estas recomendaciones sirven realmente para cualquier contaminante que esté presente en la cadena alimentaria.
La contaminación por plutonio no sólo llega a través de las fugas y accidentes de centrales. Según
la Agencia para las Sustancias Tóxicas y Registro de Enfermedades (ATSDR, por sus siglas en inglés) de EE UU, las pruebas de armas nucleares son "la fuente de la mayor parte de plutonio en el ambiente". En el Estado español, la mayor fuga de plutonio fue la desatada por las bombas de Palomares (Almería), de la que todavía quedan restos en los alrededores. Un estudio de la Universidad de Sevilla confirmó en 2010 la presencia de este metal en sedimentos marinos del Mediterráneo. "Nadie ha estudiado todavía si ha penetrado en la cadena alimentaria", explica Eduard Rodríguez Farré, investigador del Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona(CSIC-IDIBAPS). Estas radiaciones pueden causar daños en el ADN de las células. Si las lesiones no son demasiado importantes, ese ADN se regenerará correctamente. Pero una reparación defectuosa puede facilitar la aparición de un cáncer con posterioridad.


La contaminación diaria.
Más allá de los escapes radioactivos, el Estado español no se muestra muy transparente en cuanto a la contaminación que llega a nuestros platos desde el mar. En marzo, la fundación Oceana denunció que el Gobierno lleva cuatro años ocultando datos sobre los niveles de mercurio
presentes en ciertas especies marinas. "Desde hace años, se intenta que se incluya al metilmercurio en la lista de Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP), pero hay muchosintereses para evitarlo", explica Farré.
Los COP son -según resume el Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud de CC OO- sustancias químicas que tienen una elevada permanencia en el medioambiente al ser resistentes a la degradación; son bioacumulables, se incorporan en los tejidos de los seres vivos y pueden aumentar su concentración a través de la cadena alimentaria, son altamente tóxicos, y provocan graves efectos sobre la salud humana y el medioambiente; y tienen potencial para trasportarse a
larga distancia. "La gente dice ‘qué bien vivimos, cuánto bienestar’, pero nadie piensa en el aumento de la infertilidad, del asma infantil, del alzheimer, del cáncer, diabetes... esto se debe al puñetero modelo de desarrollo del que hemos disfrutado. Esto no sale gratis", denunciaba en marzo Miquel Porta, catedrático de salud pública del Instituto Municipal de Investigación Médica y la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona) en El Escarabajo Verde de La2. Más allá de una postura alarmista, Porta (coautor de Nuestra contaminación interna. Concentraciones de Compuestos Tóxicos Persistentes (CTP) en la población española) reclama una sociedad que esté pendiente de lo que come.
"Es muy importante consumir productos frescos y a poder ser ecológicos, no repetir todos los días los mismos alimentos y dedicar un tiempo tranquilo a las comidas. En estos momentos en los que la sensibilidad a los alimentos crece sin parar, es importante observar si algún alimento nos da reacción. La reacción puede ser flatulencia, malestar, contracción del esófago o estómago, espasmos intestinales, somnolencia y también bajada de ánimo u otros", explica a DIAGONAL Pilar Muñoz- Calero, doctora y presidenta de la Fundación Alborada.
La doctora Muñoz-Calero explica los patrones de las nuevas enfermedades: "Son multisistémicas
(pueden afectar a cualquier órgano o sistema aunque la causa sea la misma), son crónicas, pues el
organismo que es incapaz de eliminarlos o asimilarlos los acumula en un intento de adaptación
hasta que se satura la capacidad de acumular más sin exponerse a un riesgo más grave de que
afecte a órganos o sistemas vitales. El intento de adaptación a los tóxicos agota a otros recursos y
otras formas de compensación del organismo".
"Muchos doctores recomiendan una dieta sana asumiendo que el paciente sabe cuál debe ser ésta.En general se manda una dieta que evite sal, azúcar o grasas saturadas sobre todo, eso está bien pero es insuficiente. La primera regla debería ser evitar aditivos, conservantes y colorantes que hacen daño a las personas sensibles y también a las que no lo son tanto", amplía Muñoz-Calero.
Según el último informe de la Autoridad Europea de la Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglasen inglés), casi el 50% de las frutas y verduras convencionales en el mercado europeo contienen restos de uno o de varios plaguicidas. "Peor aún" -mantiene Claude Aubert en el libro Otra alimentación es posible- "se constata que la proporción de alimentos que contienen más de dos
residuos está en aumento constante desde hace varios años. La explicación es sencilla: para evitar rebasar el límite máximo de residuos", se utilizan varios plaguicidas a niveles permitidos. Esto se denomina "efecto cóctel" y "no hay ninguna normativa que regule esta suma, ni se conocen muy bien sus consecuencias", reconoce Farré.
El convenio de Estocolmo, que está en vigor desde 2004, es el instrumento legal más importante a nivel global, ya que exige la eliminación total del planeta de plaguicidas que presentan características de COP. De hecho, estableció la prohibición de la fabricación y el uso de nueve conjuntos de plaguicidas clorados y procedimientos para la identificación de nuevos COP que se pueden agregar a la lista inicial que establece el Convenio. En 2010, se añadieron otros nueve más.
Donde más se acumulan estos contaminantes "es en las grasas: leche, mantequilla, carne, etc. El
principal problema está cuando se han utilizado grasas en los piensos de animales y luego pasa a
nosotros", mantiene Farré.
La postura oficial de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) es asegurar que todos los alimentos del mercado cumplen la legislación y su consumo es seguro. Aunque este periódico ha intentado ponerse en contacto con la AESAN, ningún responsable ha contestado a nuestras preguntas. Más allá de lo que se utilice como plaguicidas, los COP también pueden llegar de una forma indirecta. Por ejemplo, "se utilizan muchos plaguicidas para limpiar parques o cunetas
de carreteras. Esto afecta sobre todo al ganado, que come productos contaminados. Si utilizas un
organismo peligroso hay unos plazos de espera en los que no debes ingerir ese alimento. Lo ideal
sería que no se utilizaran, pero si se utilizan que sigan los protocolos", denuncia a DIAGONAL María Andrés, de Ecologistas en Acción.
Rastros durante años
El DDT fue prohibido a nivel internacional en 1969. En España se ejecutó su prohibición en 1986.
Sin embargo, hasta la decáda del 2000 se ha utilizado para producir otros plaguicidas tanto en
Aragón como en Catalunya, explica Nicolás Olea, catedrático de Medicina Interna de la Universidad de Granada. En esta ciudad se presentó un informe en 2009, que indica que el DDT sigue presente en el 96% de las placentas de mujeres que dan a luz en la localidad andaluza. Sus principales consecuencias son malformaciones urogenitales en los bebés y menor peso en su nacimiento.
Los COP persisten durante años, por ejemplo, "debajo del aeropuerto de Bilbao hay un vertedero de lindano. También hay otro en Sabiñanigo (Huesca)", denuncia Farré, quien afirma que cuando se pregunta por su peligrosidad todos sus responsables lo niegan. Según un estudio de 2009 de la
Universidad Pierre y Marie Curie, la exposición al lindano y al DDT duplican el riesgo de contraer
Parkinson en agricultores.
El descontrol de estos componentes no es algo del pasado. Según Farré, "el queso de mozzarella del sur de Italia es uno de los alimentos más contaminados, porque en Napoles la mafia lleva años quemando residuos ilegalmente". Mucho más conocido se han hecho las dioxinas, que a inicios de 2011 obligaron a cerrar en Alemania 4.700 granjas, ya que usaban piensos contaminados.
EMBARAZADAS Y NEONATOS
La mayoría de los contaminantes incrementa sus riesgos tanto en las mujeres embarazadas, como en los recién nacidos. Por ejemplo, la Agencia de Protección del Medio Ambiente de EE UU (EPA, porsus siglas en inglés) lanza desde su web unas recomendaciones específicas para mujeres en edad fértil y niños, instándoles a no comer carne de tiburón, pez espada o caballa, por ser peces que contienen altas cantidades en mercurio. Además, limita a 340 gramos semanales la ingesta de pescados y mariscos como gambas, atún enlatado claro, salmón, gado y pez gato; reduciendo a 170 gramos la ingesta de atún blanco (albacora), que tiene más mercurio que el enlatado.
En España, el 64% de los bebés que nacen tienen niveles demasiado altos de mercurio, según un estudio de 2011 de la Universidad de Valencia.



Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/Riesgos-invisibles-en-la-comida.html
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estudiar el síndrome de Sensibilidad Química Múltiple.