viernes, 9 de julio de 2010

La crueldad con los animales,un signo de alarma psiquiátrica

Los actos de crueldad repetidos contra animales suelen ser señal de trastorno asocial
Los niños que los realizan son más propensos a cometer delitos en el futuro
Los especialistas subrayan que este fenómeno no se debe pasar por alto

Actualizado sábado 03/07/2010

CRISTINA DE MARTOS
MADRID.- A pesar de la terrible brutalidad que encierran, los actos de crueldad contra los animales no ocupan las primeras páginas de ningún periódico ni parecen escandalizar demasiado a la población. Sin embargo, tienen un significado último que debería interesarnos como sociedad. Aquellos que abusan de los animales, según indican los expertos, son hasta cinco veces más propensos a cometer crímenes violentos contra las personas.
Un adolescente británico que mete al hámster de su hermano en el microondas, un grupo de chicos que crucifica a un gato en la Comunidad Valenciana y otro que asesina brutalmente a un burro en Extremadura, tres mexicanos que torturan a un perro y cuelgan los vídeos en la Red... Animales desollados, quemados, empalados, mutilados, apaleados…
Es frecuente leer o escuchar frases como 'son cosas de niños' cuando se tratan estos sucesos. Es cierto que, a veces, dentro de un juego, especialmente en grupo, algunos menores cometen actos lamentables pero, advierten los psiquiatras y los criminólogos, otras “es una señal de alarma” que la gente no escucha, "no una válvula de escape inofensiva en un individuo sano", en palabras de Allen Brantley, supervisor y Agente Especial del FBI, uno de los grandes especialistas del mundo en la materia.
"Jugar a matar animales que no nos inspiran compasión, como los mejillones, es bastante normal. Pero algunos niños lo hacen de forma reiterativa, incluso disfrutando, y eso es un problema", explica a ELMUNDO.es Francisco Montañés, jefe de Psiquiatría de la Fundación Hospital de Alcorcón.
Conducta asocial
En países como EEUU, el interés por este tipo de actos es creciente. No sólo por la mayor sensibilización hacia los animales sino por las evidencias cada vez más numerosas de la relación entre los actos de crueldad con los animales y otros crímenes que van desde el consumo de drogas hasta los asesinatos en serie.
En la década de los 80, Alan Felthous, experto en Psiquiatría Forense, llevó a cabo varias investigaciones que mostraban de forma consistente cómo detrás de las agresiones a personas había, en muchas ocasiones, una historia de abuso a animales. Sus trabajos, realizados con hombres especialmente violentos internados en las cárceles de EEUU, así lo confirmaron.
Después de eso, otros han analizado la cuestión. En 2002, la revista 'Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law'hacía público un estudio en el cual se asociaban los actos repetidos de crueldad con los animales en la infancia con el desarrollo de un trastorno de personalidad antisocial, la presencia de rasgos antisociales y el abuso de sustancias.
"Aproximadamente, la mitad de los individuos asociales incurre en conductas sádicas y si lo hacen antes de los 10 años el pronóstico es peor", señala Montañés. Que el menor pase de un acto aislado de violencia contra un animal a cometer otros crímenes "es una escalada", añade este experto. "Si repites el acto y va aumentado el tamaño del animal; si se disfruta… Las posibilidades son mayores".
Frank Ascione, del departamento de Psicología de la Universidad de Utah (EEUU) y reconocido experto, escribía en el Boletín de de Justicia Juvenil en 2001: "El abuso de animales y la violencia interpersonal comparten características: ambos tipos de víctimas son criaturas vivas, tienen capacidad para experimentar dolor y podrían morir a consecuencia de las lesiones infligidas".
Una oportunidad para intervenir
La sensibilización en España ante esta problemática es baja. "Estamos a la cola", afirma Núria Querol i Viñas, médico de familia del Hospital Universitario Mútua de Terrassa, criminóloga y experta en estos temas. "El maltrato a los animales es espeluznante y pocas veces se hace nada", añade.
Sin embargo, subraya Querol, que además es miembro de la Asociación Americana de Criminología, "cuando se detectan casos de menores que maltratan a animales, hay que tener cuidado porque puede haber un trastorno de conducta. No se puede pasar por alto, es una oportunidad para intervenir".
En este punto coincide con ella el doctor Montañés, que incide en la necesidad de "acudir al psiquiatra en casos de crueldad con los animales porque al principio estas personas pueden tener fácil remedio. La falta de control de los impulsos, la empatía, el manejo de la ira... son cosas que se pueden tratar si se cogen a tiempo", añade Querol.
Uno de los objetivos de esta experta es instaurar en España, como ya existen en otros países, programas de intervención para trabajar con estas personas ya que "es muy importante cambiar los valores y no se hace de forma sistemática", concluye.

La comida rápida dispara la diabetes en Asia

Actualizado miércoles 07/07/2010 16:30 (CET)

EFE
SIDNEY.- La comida rápida occidental ha provocado un aumento de la diabetes en el Sudeste Asiático, donde la mayoría de las víctimas de las hamburguesas y las pizzas basura son de clase alta, según el responsable de un estudio publicado hoy en la ciudad australiana de Sidney.
Un 11% de los hombres y un 12% de las mujeres vietnamitas padecen diabetes de tipo 2 sin saberlo, lo que se suma al 4% de la población que sí está diagnosticado, según ha informadp el Instituto de Investigación Médica de Garvan en un comunicado.
"Una prevalencia similar de la diabetes se ha encontrado en Tailandia; y por ello considero que puedo extrapolar nuestras conclusiones a otras partes del Sureste Asiático", dijo el profesor Tuan Nguyen, director de la investigación, que ha sido publicada en la revista Diabetología.
El equipo de expertos, formado por australianos y vietnamitas, idearon un sistema nuevo para ayudar a predecir la diabetes a partir de la presión sanguínea y un examen corporal que simplifica y abarata el proceso diagnóstico.
Los resultados del experimento, realizado entre 721 hombres y 1,421 mujeres vietnamitas escogidos de forma aleatoria, son extrapolables al resto de los países del Sudeste Asiático, según los autores.
"Las costumbres alimenticias han cambiado de forma dramática en Vietnam en los últimos años, en particular en ciudades que se han occidentalizado más", afirmó el responsable del equipo.
"Hay sitios de comida rápida en todas partes. En Asia, la diabetes se encuentra comúnmente en gente acomodada, que pueden comprar comida rápida al estilo occidental, mientras que en Australia es común entre grupos menos económicamente aventajados", indicó Nguyen.
El experto, que mencionó Malasia, Singapur, Camboya y Laos, sostuvo que las estadísticas se repetirían posiblemente en comunidades del Sudeste Asiático que viven en Australia y en todo el mundo.
La diabetes de tipo 2, la más común, se debe a altos niveles de grasas y azúcar en la dieta y falta de ejercicio, y puede causar enfermedades cardiovasculares, la pérdida de visión, la amputación de miembros o fallos renales.

El 30% de los empleados puede sufrir una enfermedad del corazón

Control de factores de riesgos
La enfermedad cardiovascular supone la tercera causa de absentismo laboral en España
Un programa anima a las empresas a fomentar hábitos saludables entre los trabajadores
Actualizado jueves 08/07/2010 15:49
EFE
MADRID.- Tres de cada 10 trabajadores tiene muchas probabilidades de sufrir una enfermedad cardiovascular por padecer dos o tres factores de riesgo como la hipertensión, la obesidad, la diabetes, el colesterol, el tabaquismo o el sedentarismo.
De hecho, según datos de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), cada año se registran 23.000 bajas laborales por enfermedad cardiovascular, el 17% del total.
No en vano, las enfermedades cardiovasculares son, tras la lumbalgia y la depresión, la tercera causa de absentismo laboral en nuestro país, y la segunda causa de muerte durante la jornada laboral (el 30% de las muertes por accidente laboral).
Por todo ello, la SEC, a través de la Fundación Española del Corazón (FEC) y con la colaboración de la Sociedad Española de Medicina y Seguridad en el Trabajo (SEMST), ha puesto en marcha el programa PECS, un proyecto que pretende ayudar a las empresas a implantar y fomentar entre sus trabajadores la adopción de hábitos de vida saludables que reduzcan el riesgo cardiovascular.
El programa, ha explicado el presidente de la FEC, Leandro Plaza, sirve, principalmente, para promover la prevención y vigilar la salud del trabajador, pero también para rebajar el impacto económico que estas bajas tienen sobre las empresas.
De hecho, las bajas laborales causadas en 2009 por una enfermedad cardiovascular costaron 3.000 millones de euros a la Seguridad Social y 12.700 millones a las empresas en 2008 (2.500 euros por empleado al año), según el presidente de la SEC, Carlos Macaya.
Mejor imagen de la empresa
Entre otros beneficios, el programa PESC aumenta el grado de fidelidad de los trabajadores, que aprecian que la empresa se preocupe por su salud, y fortalece la imagen de la compañía en el exterior, ha explicado el presidente de la SEMST, Francisco Fornés.
En cuanto a los trabajadores, el programa reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular porque se centra en cinco grandes áreas con incidencia directa sobre la salud: la actividad física, la nutrición, la ayuda contra el tabaquismo, el control del estrés laboral y los factores de riesgo cardiovasculares (colesterol, hipertensión, obesidad, y diabetes).
El desarrollo del programa, que ya se ha puesto en marcha en algunas compañías, se irá evaluando y puntuando por la FEC, con lo que la empresa, en función del resultado alcanzado y del análisis de sus datos, podrá ir sumando puntos hasta obtener los cinco corazones, la calificación más alta del programa.
La nota, que tendrá validez por dos años, ha explicado Fornés, indica que la empresa ha reducido significativamente el número de enfermedades y de bajas y que ha mejorado su productividad.
Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), en abril de 2010, las enfermedades cardiovasculares seguían siendo la primera causa de ingreso hospitalario y muerte en España, por delante de los tumores y las enfermedades del sistema respiratorio.
Las enfermedades cardiovasculares cuestan en España más de 9.000 millones de euros al año (192.000 millones en la UE), de los que, 5.500 millones son directamente el coste de los tratamientos que la sanidad pública gasta en la cura de estas patologías (el 7% de todo el gasto sanitario nacional).

domingo, 4 de julio de 2010

REPORTAJE: "OS QUEDA MI RECUERDO"


"Una vida así nadie debería vivirla"
Daniel padecía una enfermedad degenerativa incurable y renunció al tratamiento. Eligió el día en que quería fallecer sedado. Como él, cada vez más enfermos graves y familiares apuran la ley y deciden su muerte. Sin dolor. Sin delito
RAFAEL MÉNDEZ 04/07/2010


En la imagen del vídeo hay un chico muy flaco, más que muy flaco, que musita cada palabra poco a poco, que piensa lo que dice, que sonríe después de casi cada frase. Apenas se le oye y responde a las preguntas de la psiquiatra con calma; su mujer le ayuda. "Yo era muy activo y fuerte y pensaba que era invencible, pero la ELA me ha vencido", cuenta el chico, Daniel Mateo Martínez, de 35 años, que en solo un año ha pasado de ser profesor de educación física a quedar postrado en una silla de ruedas. Daniel está en una de las últimas fases de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad degenerativa sin cura, que debilita los músculos hasta dejarlos inservibles, pero que no impide que el enfermo siga lúcido. Una enfermedad cruel.

Hay muchas muertes voluntarias que no son eutanasia. Negarse a recibir tratamiento es legal desde 2002. Aunque el Código Penal persigue la eutanasia, la legislación española es de las más avanzadas de Europa.Los casos más vidriosos son aquellos en los que el paciente se encuentra inconsciente y la familia decide por él
"¿La sedación de Daniel anticipó su muerte? Sí. Ahora bien, ¿la medicación provocó la muerte? No"
La psiquiatra de La Paz: "Pensamos que solo hay una forma de afrontar la muerte, con angustia y miedo. No es así".La madre de Dolores llevaba nueve años comatosa: "No tenía sentido obligarla a vivir más y la sedamos"
Y Daniel no puede más. Después de mucho luchar, se ha rendido. Explica a los médicos por qué se niega a que le realicen la traqueotomía -imprescindible para que respire- y la gastrostomía -fundamental para poder alimentarle, ya que empieza a tener dificultades para tragar-. Daniel está tranquilo. Quiere morir sin sufrir, no apurar cada hora de vida hasta que una flema le ahogue o que una infección acabe con él, algo inevitable si no prosigue con el tratamiento. "Me he dado cuenta de que la vida puede ser muy buena o muy mala según tengas o no salud", reflexiona. "Me gustaba la montaña y la vida. Ahora es difícil soportarla a cada momento. La enfermedad me ha hecho ser más humilde y darme cuenta de que no somos más que esa flor o la hoja que la mantiene". Y señala con un leve movimiento de cabeza a las flores de la habitación.
Cuando le preguntan qué le pide a los médicos, Daniel medita, se pasa la lengua por el labio superior: "Que respeten a cada persona diferente y en todo lo que queramos hacer con nuestra vida". A Daniel le preguntan por el testamento vital, el documento en el que uno puede dejar escrito que no le mantengan la vida artificialmente: "Cuando uno pierde su autonomía e independencia, es importante dejar escrito lo que uno quiere en su proceso destructivo de la enfermedad. Es como dejarlo todo controlado, e igual que uno deja hecho todo lo de su testamento, es importante pensar en cómo uno quiere morir. Igual que pensamos en la vida, la muerte está más cerca de lo que imaginamos. Puede llegar pronto o no, pero siempre está ahí, presente y posible".
El vídeo se grabó en el hospital de La Paz de Madrid -los psiquiatras pensaron que podía servir de ayuda a otros enfermos ver cómo un hombre lúcido afrontaba la muerte con serenidad- el 25 de noviembre de 2008, y Daniel falleció en su casa sólo unos días después, el 5 de diciembre de ese año, el día que él eligió, sedado por la Asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD). Estaba acompañado por familiares y amigos que le leían el Canto a mí mismo, de Walt Whitman, entre otros poemas que había elegido. Su madre afirma que en un momento dijo: "Estoy en la gloria y vosotros sois los ángeles".
Una de las psiquiatras del equipo que lo trató, Beatriz Rodríguez Vega, recuerda que hay más casos como el de Daniel: "Solemos pensar que solo hay una forma de afrontar la muerte, con angustia y miedo, pero no siempre es así. A veces, con el transcurso de la enfermedad, la gente acepta la situación, algo que es fundamental para morir con serenidad". La Paz es un centro de referencia de ELA, y un equipo de distintas especialidades médicas trata al enfermo y al familiar. Los psiquiatras valoran, entre otras cosas, que la renuncia al tratamiento no sea producto de una depresión, que no sea algo pasajero.
La madre de Daniel, Candi, enfermera de La Paz, no reprime las lágrimas cuando ve el vídeo, ni apenas su padre, Teodosio, repartidor prejubilado de Carburos Metálicos. La enfermedad llegó de improviso un año antes. "Primero tuvo molestias al caminar, que Daniel achacaba a la ropa y al calzado", recuerda Candi. Un día, al acudir al cumpleaños de su hermana, vieron que el estado de Daniel había empeorado. Fue al médico y este le remitió inmediatamente al neurólogo. Sus síntomas le delataban. El 12 de diciembre de 2007 le diagnosticaron la ELA, un mal del que se desconocen las causas. Candi cayó desmayada en la consulta al escuchar el diagnóstico.
"El deterioro fue muy rápido. Yo empecé a llevar sus papeles y en febrero me di cuenta de que ponía reparos a que mirara sus cuentas del banco", recuerda su padre. Daniel, profesor de educación física en un polideportivo de Madrid, sabía cuál iba a ser su fin y ya se había asociado, sin decir nada a nadie, a DMD. La entidad cuenta con unos 2.800 socios y busca "promover el derecho de toda persona a disponer con libertad de su cuerpo y de su vida, y a elegir libre y legalmente el momento y los medios para finalizarla, y defender el derecho de los enfermos terminales e irreversibles a, llegado el momento, morir pacíficamente y sin sufrimientos, si este es su deseo expreso".
Daniel y su familia se volcaron, pero los mazazos caían sobre ellos casi cada día. "Un día veía que ya no podía afeitarse y se hundía", cuenta Teo, el padre. En unos meses estaba en una silla de ruedas, dependiente para todo. Pasó meses con muchas dificultades para dormir. Ni los viajes a México en busca de plantas milagrosas, ni la compra de un "repotenciador celular" de Colombia que prometía una cura mágica a cambio de unos cientos de euros sirvieron, como era previsible, para nada. Naturistas de distinto pelaje hicieron su agosto sin que mejorara el pronóstico de Daniel. Pero él creía que le ayudaría, y sus padres probaron todos los remedios que él sugería.
El 5 de diciembre de 2008, el día elegido para llevar a cabo la sedación terminal, su familia alquiló una furgoneta y todos fueron a Peñalara, una zona de la sierra de Madrid que a él le gustaba mucho. Caía la tarde, todos lo pasaban bien y pensaron que no había prisa para volver a Madrid. "De repente, él dijo: 'Venga, vámonos, que nos están esperando", recuerda su hermano Rubén. La decisión estaba tomada. Fue sedado pasada la medianoche, justo después de felicitar a su hermana por su cumpleaños, y falleció por la mañana.
"No entendíamos al principio su deseo de dejarse morir y le intentamos convencer, pero luego vimos que era egoísta por nuestra parte pedirle que siguiera más tiempo soportando eso", cuenta Rubén. Daniel le dictó días antes sus pensamientos para tranquilizar a la familia. "La ELA ha acabado conmigo en un año. No puedo apenas moverme, comer, respirar ni hablar. Una vida así nadie debería vivirla. Nuestra inteligencia debe servirnos para decir NO al horror del lento proceso destructivo. He perdido la batalla. Según veo mi cuerpo debilitarse, y perdiendo autonomía e independencia, me hace cuestionarme si esto es vida. Para mí no lo es y no me asusta pensar en recibir la muerte. Tengo como opción mi sueño de morir plácidamente dormido y acabar con esta pesadilla". Los versos concluyen: "Me llevo un buen recuerdo de todos, también os queda mi recuerdo. Acepto mi destino y estoy en paz, sin miedo, odio, rencor, culpa ni ningún problema de conciencia. Acepto mi vida y mi muerte como algo inseparable. Nuestros planes no siempre suceden. Quizás no hay principio ni fin, sino un proceso infinito de creación y destrucción".
Aunque pueda parecer un caso de eutanasia, de muerte elegida, no lo es. Cuestión de matices, importantes en este tema. Daniel es un paciente que renuncia al tratamiento. Como lo fue Inmaculada Echevarría, que en 2007 falleció en Granada tras negarse a seguir con el respirador artificial que la mantenía con vida desde que, 10 años antes, quedó postrada y sin apenas capacidad de movimiento.
Al quitarle el respirador, Echevarría estaba abocada a una muerte horrible, incompatible con la dignidad de la persona recogida en la Constitución. Por eso los médicos le aplicaron una sedación terminal, una práctica que consiste en inducir con fármacos un estado de inconsciencia para reducir el dolor de los enfermos terminales aunque les acelere la muerte. El padre de Daniel cuenta que, al renunciar a la traqueotomía, habría fallecido ahogado por la dificultad para tragar: "Las últimas noches empezaba a toser con las flemas y creíamos que se ahogaba", recuerda.
La renuncia al tratamiento es legal desde la Ley de Autonomía del Paciente, de 2002, que establece: "Todo paciente o usuario tiene derecho a negarse al tratamiento". Miguel Bajo, catedrático de Derecho Penal de la Universidad Autónoma de Madrid, explica que esa norma convierte a España en uno de los países más avanzados en la muerte digna aunque no tenga regulada la eutanasia: "Solo Bélgica, Suiza y Holanda tienen legislaciones más abiertas. Convendría clarificar algunas cosas, pero se puede avanzar mucho por la vía de la renuncia al tratamiento".
El Código Penal sí persigue la eutanasia, aunque sin mencionarla. El texto impone "la pena de prisión de dos a cinco años al que coopere con actos necesarios al suicidio de una persona" y penas en grado menor a quien "cause o coopere activamente con actos necesarios y directos a la muerte de otro, por la petición expresa, seria e inequívoca de este, en el caso de que la víctima sufriera una enfermedad grave que conduciría necesariamente a su muerte, o que produjera graves padecimientos permanentes y difíciles de soportar".
Fernando Marín, presidente de DMD Madrid, defiende el tratamiento dado a Daniel: "Sin sedación, habría muerto con una neumonía por aspiración, aunque no sabemos en cuánto tiempo. ¿La sedación anticipó su muerte? Sí. Ahora bien, ¿la medicación provocó la muerte? No. Alivió su sufrimiento. En su caso no había un tratamiento alternativo porque él no quería, y esta sedación está admitida, aunque a muchos profesionales les sigue sonando a eutanasia". Matices.
Marín sigue discurriendo por la fina línea que separa el Código Penal de la Ley de Autonomía del Paciente: "Hay muchas muertes voluntarias que no son eutanasia. La de Ramón Sampedro era eutanasia porque iba a morir en unos años, y la de Daniel o Inmaculada Echevarría no, porque iban a morir pronto y necesitaban una intervención médica para seguir viviendo. Eso es un problema, un juego macabro por no aclarar las cosas y jugar con ambigüedades".
El caso de Daniel no entró en esa categoría penal, como tampoco el de Maribel Aragón Menéndez. "A Maribel le diagnosticaron un cáncer de ovario hace cinco años", cuenta por teléfono Fernando B. Scarpadini, su pareja durante 30 años y con el que se casó hace tres, ya enferma: "Estuvo con quimioterapia durante años de forma casi ininterrumpida y en octubre pasado decidió no darse más. Ya sabía cuál era su final".
En abril pasado, durante un viaje a Sepúlveda, ni la morfina aliviaba sus dolores por la metástasis, el riñón comenzó a fallar y tuvo una oclusión intestinal. "Había llegado el momento de dejar de disfrutar y de sufrir", cuenta Fernando. Fue sedada en casa una noche de madrugada y falleció al día siguiente por la tarde. El viudo pide respeto a su decisión: "Quien, por ser religioso o por lo que sea, quiera vivir hasta el final apurando la vida, que lo haga, pero que nos dejen a los que no queremos eso. Maribel tenía claro que prefería vivir menos tiempo, pero con un mínimo aceptable de calidad de vida, antes que prolongar su existencia a costa de dolores y sufrimientos".
Antes de ser sedada, Maribel grabó también para DMD sus impresiones: "Yo quiero vivir como la que más y me siento viva y tengo unas ganas de estar con mis amigos impresionantes, pero mi cuerpo me avisa de que ya no puedo más y he aprendido a escucharle". Sobre su relación con los médicos avisa: "No quiero que ellos decidan sobre mí ni sobre mi libertad". Allí Maribel aparece fumando, con pelo corto, resto de la cabellera plateada que lucía antes.
Ese es, según Bajo, uno de los problemas, que no todos los médicos han asumido que la voluntad del paciente, o de su familia si este está inconsciente, está por encima de la opinión médica: "Hay médicos anclados en el pasado y con un sentido de la medicina de que ellos son propietarios del paciente. Hay que hacer lo que quiera el paciente porque él es el dueño de su vida y no podemos sustituirlo".
Eso hace que muchas situaciones se resuelvan de forma oscura, incluso cínica. Es el caso de Antonio (nombre ficticio por petición de la familia). En el verano de 2008, un golpe de calor mientras corría lo dejó sin riego en el cerebro. Cuando la ambulancia lo reanimó, había estado ya demasiado tiempo sin actividad cerebral. Quedó en un estado vegetativo. Uno de sus hermanos recuerda cómo lo vivió: "La primera neuróloga que lo atendió en la UVI nos dijo que habíamos tenido mala suerte porque no había muerto. Estuvo nueve meses en el hospital y no reaccionaba a casi nada. De repente, un día le apreté el brazo y lo intentó retirar. Además, la máquina de afeitar le asustaba. Entonces me di cuenta de que sufría. Hasta entonces no nos importaba el tiempo que estuviera en esa situación, pero a partir de entonces...". La familia, sin creencias religiosas, como las anteriores, les insinuaba a los médicos si no habría una solución, ya que no se esperaba mejoría, algo para que "dejara de sufrir". "Nos decían que tuviéramos fe y esperanza, pero no lo veíamos. Sabíamos que nuestro hermano no habría querido estar así y, aunque nosotros preferíamos tenerlo con vida, no era justo con él", recuerda.
A los nueve meses de estar en el hospital, le ofrecieron llevarlo a un centro de cuidados paliativos. "Fuimos a verlo y nos pareció horrible. Una fila de enfermos para morir. No queríamos dejar allí a nuestro hermano". Pidieron el alta voluntaria para llevarlo a casa y el hospital no les hizo más preguntas. Ni qué iban a hacer con él ni para qué se lo llevaban. "Tenía la sensación de que hacía algo malo, de que me lo llevaba a casa para cargármelo", apunta uno de los hermanos. Los médicos de DMD lo sedaron en casa, donde falleció tres días después. El fallecido no había dejado un testamento vital en el que aclarara que renunciara al tratamiento.
Javier Barbero, psicólogo del hospital de La Paz de Madrid y experto en bioética, defiende que si el paciente no está consciente, la decisión la tome la familia "por representación". "El médico tiene que ver qué habría hecho, qué habría querido esa persona en función de sus preferencias y valores, no qué es lo que quieren los hijos. Y, sobre todo, hay que actuar con generosidad moral", añade. Aun así, insiste más en los matices para casos como este: "A una persona que está en un estado vegetativo se le puede retirar la alimentación por sonda nasogástrica si lo pide la familia, retirar el tratamiento antibiótico si tiene una infección, pero dudo de que se pueda acortar la vida, porque en un estado vegetativo persistente puede vivir durante años".
Es lo que le ocurrió a la madre de Dolores (otro nombre ficticio, que pide contar su caso por si sirve a alguien, pero no quiere que se reconozca a su familia). Hace nueve años, su madre, con 60 años, tuvo una meningitis mal tratada que le causó una serie de microinfartos cerebrales que la dejaron en un estado vegetativo. Después de mucha fisioterapia, logró comer muy poco a poco y mover un poco el brazo izquierdo y la pierna derecha. La familia vendió un piso, la tuvo en casa con cuidadores, con el equipamiento especial que necesita una persona completamente dependiente y que costaba más de 3.000 euros al mes. Aún esperan las ayudas de la Ley de Dependencia.
Hasta que, el 16 de mayo pasado, una de las hijas leyó en EL PAÍS la historia de la muerte de María Antonia Liébana, una mujer sin posibilidad de recuperación ni tratamiento tras un infarto cerebral a la que, en contra del criterio del hospital, la familia se la había llevado a casa y la había sedado. El juez incluso mandó a la policía al centro que la atendía para asegurarse de que la alimentaban, pero cuando los hijos pidieron el alta, el magistrado lo aceptó. El Ministerio de Sanidad avaló que en caso de enfermos terminales que no hayan dejado testamento vital, la familia decida qué quiere hacer.
"El reportaje me abrió los ojos. Pensé que ya no tenía sentido seguir así, que no podíamos seguir obligando a vivir a nuestra madre. Había ido a urgencias y le querían poner una sonda nasogástrica para alimentarla. Busqué a una hermana con la que tenía confianza y le planteé el tema. Dar el paso de decirlo en voz alta es muy doloroso", recuerda esta mujer en una cafetería en el centro de Madrid. "El tema", "qué hacer", "plantearlo", las elipsis son frecuentes en los familiares que han pasado por el trago de decidir la muerte de un allegado. Renunciaron al tratamiento, pidieron el alta y, de nuevo, fue sedada en casa. Pocos casos de sedaciones en pacientes cuya muerte no es inminente se dan en la sanidad pública.
Esta familia salió muy escaldada del tratamiento recibido: "¿Por qué salvan a una persona con daños cerebrales irreversibles si luego la sanidad pública no le va a dar recuperación porque tiene más de 60 años? ¿Por qué nadie te ofrece esta posibilidad y tienes que decidir algo superjodido por tu cuenta y sin hablarlo con el médico? Todo es de un gran cinismo. Lo puedes hacer, pero sin decirlo".

martes, 29 de junio de 2010

PROBLEMAS MENTALES

La crisis económica abre la puerta de las consultas psiquiátricas
Desde 2007, las visitas a urgencias por intentos suicidas han aumentado un 22%
Los pequeños empresarios y autónomos son quienes más sufren estrés y ansiedad

(Ilustración: Raúl Arias)
Actualizado martes 29/06/2010 05:01 (CET)

ISABEL F. LANTIGUA
MADRID.- Lleva dos años instalada en la vida de los ciudadanos y, sobre todo, en sus conversaciones y en sus mentes. La crisis económica no da tregua a los españoles y sus efectos sobre la salud empiezan a pasar factura. Ansiedad, insomnio, estrés o sensación de desamparo son síntomas que están sufriendo en carne propia tanto empresarios como empleados. El primer estudio realizado sobre la influencia de esta situación en un hospital, en concreto en el Hospital La Paz de Madrid, no deja lugar a dudas. Entre junio de 2007 y diciembre de 2009 se registró un incremento de un 50% de enfermos en las urgencias psiquiátricas. Un futuro desalentador ante sus ojos no les deja levantar cabeza.
Según los resultados de este trabajo, en el que participaron 6.000 pacientes y que se presentaron en el VII Seminario Lundbeck sobre ansiedad y depresión en Ibiza, las visitas a urgencias por intentos suicidas ascendieron un 22% en plena crisis, un 14% subieron las consultas por ansiedad y un 6% las motivadas por el abuso de drogas y alcohol.
"En el último año hemos notado un cambio en el perfil del paciente. Ahora es mucho más común que acudan a consulta autónomos y pequeños empresarios, que están sufriendo emocionalmente los problemas laborales suyos y de sus trabajadores. Estamos dando más bajas por estrés", confirma a ELMUNDO.es Jesús de la Gándara, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital de Burgos, que también reconoce que "el número de varones con problemas se ha incrementado".
Este experto indica que son "los empleadores, más que los empleados, quienes están padeciendo los problemas mentales más graves, porque se quedan sin trabajo pero, además, tienen que despedir a otros y saben que tienen en sus manos el futuro de muchas familias, lo que conlleva una implicación emocional muy fuerte y mucho estrés". A esta situación estresante se añade un horizonte incierto, unas perspectivas de futuro nada halagüeñas, lo que produce "ansiedad, insomnio, pánico y otras sensaciones que pueden derivar en depresión", dice Gándara.
"Aunque los síntomas aparecen a corto plazo, en cuanto surgen los primeros inconvenientes en el trabajo, lo cierto es que los afectados tardan tiempo en consultar al especialista. Hasta que no han pasado seis u ocho meses no acuden a consulta. Y, la solución no es rápida. Hay que trabajar con los aspectos cognitivos de la persona, saber cómo ve su vida y su futuro, etc, y no es fácil salir del pozo de incertidumbre en el que se encuentran", explica el psiquiatra. "Es muy posible que el estrés agudo que presentan se convierta en crónico, entendiendo por tal aquel que dura más de seis meses. Esto se debe a que depende de factores no controlables, como la economía y el mercado laboral, y también va asociado a una pérdida de autoestima, porque la persona piensa que no sirve para nada, ha perdido estatus social, etc. Por eso la recuperación lleva tiempo", aclara.
Se estima que en España seis millones de personas sufren depresión -entre un 10% y un 15% de la población- aunque la mitad está sin diagnosticar. Este trastorno constituye la segunda causa de baja laboral, lo que supone un gasto de 23.000 millones de euros anuales. Enric Álvarez, director del Servicio de Psiquiatría del Hospital Santa Creu i Sant Pau, explica, en declaraciones recogidas por la agencia Efe, que "la prevalencia de casos de depresión diagnosticados no aumentará con la crisis, pero sí lo están haciendo, y mucho, las consultas por lo que podría llamarse coloquialmente una 'depre coyuntural'".
"Lo que se agudiza es el revestimiento de las consultas, porque los pacientes están peor y las patologías asociadas a su estado depresivo se agravan. Es la música lo que ha variado, más que la letra", esgrime Álvarez.
¿Más pastillas?
Sin embargo, lo que parece que no ha subido en España ha sido el consumo de antidepresivos, tal y como reflejan los datos proporcionados a este medio por algunas farmacéuticas, como Lilly, fabricante del famoso Prozac (fluoxetina). Aquí, las ventas de estos productos han permanecido estables e, incluso, han disminuido un poco. Una situación que dista mucho de la que se vive en el Reino Unido. Según un informe del Sistema Nacional de Salud (NHS, sus siglas en inglés), el número de antidepresivos prescritos por la Sanidad británica se ha duplicado en la última década y el mayor aumento se ha experimentado en los últimos dos años.
Según publica el diario 'The Guardian', el servicio de salud hizo 39,1 millones de prescripciones de fármacos para tratar la depresión en 2009, frente a los 20 millones de 1999. La cifra supone tres millones más de recetas de las que se hicieron en 2008. "Esto puede deberse a la mejora de las herramientas diagnósticas, pero también, claro está, a la crisis", reconoce Steve Field, jefe del Royal College of General Practicioners (la asociación inglesa de médicos de familia).
Estos datos tienen dos interpretaciones para los psiquiatras. Una, la positiva, es que puede indicar que más personas están siendo diagnosticadas y tratadas de sus problemas mentales. La otra, la negativa, es que quizás haya personas que están tomando pastillas sin necesitarlo realmente. "En España sí que han aumentado las visitas psiquiátricas, pero no la prescripción de medicamentos", reconoce Gándara.

lunes, 28 de junio de 2010

Miles de personas sin paraguas sanitario

El sistema público no cubre a parados sin subsidio con alguna renta ni a quien no ha cotizado nunca y tiene ingresos - Entre 90.000 y 180.000 españoles están afectados
CARMEN PÉREZ-LANZAC / MARÍA. R. SAHUQUILLO - Madrid - 28/06/2010


Jorge P. supo que se había quedado sin derecho a sanidad pública el día que pidió una cita en atención primaria para uno de sus dos hijos. "En el ambulatorio de La Laguna (Tenerife) me informaron de que, como ya no cotizo, no tengo derecho a sanidad y que debía acudir al sector privado y pagarlo de mi bolsillo", explica este sorprendido canario. El niño sí recibió asistencia para su resfriado. En el sistema español, los menores están cubiertos siempre. Los adultos, sin embargo, algunas veces no. "Debe encontrar un trabajo rápidamente, porque si no las facturas de Sanidad le serán pasadas por Hacienda", recuerda Jorge que le dijo la persona que le atendió. "Y no se puede negar a pagarlas porque le embargan directamente".
El Gobierno prepara una normativa para corregir esta falta de equidad.Jorge P., agente inmobiliario sin empleo, ya no tiene sanidad gratuita.Las personas sin recursos y los menores son siempre atendidos.Si se abonan 1.800 euros se puede recuperar la cobertura médica.
Jorge (no quiere que se le identifique), de 40 años, dejó de cotizar a la Seguridad Social hace cinco años. Este agente de la propiedad inmobiliaria era, desde 1997, socio de una agencia de venta de pisos. En julio de 2005, tras una enfermedad que le tuvo cuatro meses de baja, vendió su participación en la agencia y se dio de baja en autónomos. Dos años más tarde, la inmobiliaria dejó de vender pisos y cerró.
Que la sanidad pública española es universal es un mito. No todos los españoles están amparados por el sistema. El tan mencionado derecho a la atención sanitaria tiene un agujero en su cobertura que afecta a entre 90.000 y 180.000 personas, según el Ministerio de Sanidad. Una cifra que, sin embargo, algunos expertos elevan hasta las 300.000.
El problema afecta fundamentalmente a cuatro colectivos: parados que han dejado de percibir el subsidio de desempleo y que tienen algún tipo de renta, españoles que han vivido en países del extranjero sin convenio sanitario con España y que tienen recursos económicos, personas que nunca han trabajado y disponen de alguna renta, y trabajadores liberales incluidos en colegios profesionales que no están integrados en el régimen especial de autónomos.
En el actual contexto de crisis, hay personas que, al igual que Jorge, están descubriendo que han perdido el derecho a recibir asistencia sanitaria pública de forma gratuita. Aunque paguen sus impuestos -con los que se financia la sanidad en España-, todos ellos deben contratar un seguro privado; o pagar el equivalente de lo que cuesta la atención sanitaria pública al año, unos 1.800 euros de media, para poder utilizarla.
En España, los trabajadores que cotizan, las personas que reciben algún tipo de subsidio (parados, pensionistas...), así como los beneficiarios -sus hijos, por ejemplo- de todos ellos tienen derecho a la atención sanitaria pública. También lo tienen los menores y las personas sin medios económicos. "El derecho a la sanidad pública en España ahora mismo está ligado al empleo", confirma el secretario general de Sanidad, José Martínez Olmos. Este sistema, heredado de la antigua seguridad social, amplió en 1986 la cobertura a las personas sin recursos.
El problema fundamental es para todos aquellos que sí tienen algo. Aunque no sea mucho. "Gente que paga sus impuestos y que luego se ve obligada a contratar un seguro privado, o a demostrar que su renta patrimonial no supera el doble del Indicador Público de Rentas Múltiples
[unos 1.000 euros mensuales]", explica José Manuel Freire, profesor de la Escuela Nacional de Sanidad, que sostiene que el sistema necesita una reforma urgente en este sentido.
No es el único consciente del problema. De hecho, universalizar de manera real el derecho a asistencia médica era el primer punto del pacto por la sanidad al que llegaron los partidos en marzo, el único acuerdo al que se ha conseguido llegar en esta legislatura. El Gobierno prepara ya una normativa con rango de ley para lograrlo. "Un reglamento que extienda la cobertura de salud a todos los españoles que residen en territorio nacional -sin distinguirlos por grupos- que no tuvieran reconocido este servicio por otras normas", explica el secretario general de Sanidad.
Lo que le sucede a Jorge es que, aunque ha perdido el subsidio de desempleo, tiene ahorros de su época de trabajador. Por eso, aunque ha tramitado la solicitud de la tarjeta sanitaria para personas sin recursos, no sabe si se la concederán. Si se la dan, el trámite tardará tres meses. "En ese tiempo no puedo ponerme enfermo", ironiza el ex agente inmobiliario. "Si lo hago y acudo al sistema público, me pasarán una factura".
José Manuel Freire, sin embargo, explica que, en la práctica, muchas veces se atiende igual y sin coste a las personas que no tienen la cobertura sanitaria pública. "En esto hay que agradecer que en España no somos muy estrictos", comenta. Martínez Olmos reconoce que estas personas muchas veces se suelen dar de alta "enganchados" en la tarjeta de algún familiar para solucionar el problema. "Aunque no es el mejor sistema, de ahí que se quiera modificar", admite.
El mecanismo de cobertura sanitaria de España ha alcanzado al 99% de la población -en 2006, según datos de la OCDE, llegaba al 98,3%-. Pero no a todos. Queda fuera una cifra "pequeña", según Sanidad, que tiene nombre y apellidos. "Entre 90.000 y 180.000 personas", sostiene Martínez Olmos, que explica que la horquilla es amplia porque varía y porque es difícil, por ejemplo, saber cuántas personas no han trabajado nunca y tienen recursos suficientes.
Fernando Lamata, consejero de Sanidad y Bienestar Social de Castilla-La Mancha y secretario general de Sanidad del ministerio en 2004 y 2005 asegura, sin embargo, que son unas 300.000 las personas que ahora mismo están sin cobertura pública sanitaria. "Esta asistencia ya se ha pagado a través de los impuestos y debería universalizarse de manera real. No puede ser que se pague por algo dos veces", sostiene Lamata.
Sin embargo, muchos españoles no son conscientes de esto. Sólo el 27% sabe que la sanidad se paga ya a través de los impuestos. "Además, el derecho a la cobertura médica está recogido en la Constitución", observa el consejero de Sanidad de Castilla-La Mancha, que reconoce que, con la crisis, pueden aumentar las personas que se han quedado al descubierto sin que tomen conciencia de que lo están.
"¿Por qué no informan a los miles o millones de parados que se puedan encontrar en esta situación de que si ya no tienen subsidio, y sí algunos ahorros, se han quedado sin asistencia sanitaria?", se pregunta Jorge P. "¿Es una forma de marginar a la sociedad desempleada? ¿Es la sanidad solamente un derecho de los españoles de bien, con un trabajo como Dios manda?". Martínez Olmos insiste en que no lo es. Sin embargo, habrá que esperar a noviembre para tapar el agujero del paraguas sanitario público.

viernes, 25 de junio de 2010

Éxodo de médicos y enfermeras en Europa oriental

Por Paul Stracansky
PRAGA, jun (IPS) - Los magros salarios y las malas condiciones laborales empujan a los trabajadores de la salud de Europa oriental a emigrar. El fenómeno deja al descubierto la falta de estabilidad y sustentabilidad del sector en la región.
La situación es tan crítica que la escasez de personal ya pone en peligro las vidas de los pacientes, admiten en privado algunos médicos. A menos que se destine más dinero al sector de la salud, en el futuro habrá un serio deterioro en la atención que reciben los pacientes, señalan. "Si no se hace nada para mejorar la situación, en el corto o en el largo plazo, temo que se reduzcan drásticamente los estándares de los servicios de salud que se brindan", dijo a IPS el vicepresidente de la Cámara Médica Checa, Zdenek Mrozek. Tras la caída de los gobiernos de la "cortina de hierro", Europa oriental heredó sistemas de salud cuya calidad ya era inferior a la de los de Occidente. Sucesivos gobiernos se han esforzado por revisar esos sistemas y brindar servicios de salud modernos, que estén a la par de los occidentales. Aunque en las últimas dos décadas parámetros como la expectativa de vida, la mortalidad infantil y la disponibilidad de tratamientos y procedimientos médicos han aumentado mucho en la región, muchos trabajadores de la salud sostienen que esto encubre problemas serios y que el sector sigue padeciendo una seria falta de financiamiento en la región. En algunos estados, la falta crónica de fondos ha hecho que hospitales y clínicas carezcan de equipos y materiales básicos. En Rumania, por ejemplo, los médicos de algunos hospitales admiten haber pagado medicamentos, jeringas y vendajes de su propio bolsillo, para que los pacientes pudieran recibir un tratamiento básico. En el pasado, algunas empresas de suministros médicos se negaron a abastecer a las clínicas por culpa de una enorme cantidad de facturas impagas. Pero los funcionarios de la salud temen que la falta de personal y el continuo éxodo de médicos y enfermeros hacia Occidente plantee una amenaza aún mayor que el hecho de que los centros de atención estén mal equipados. En Polonia, este año hubo una huelga de enfermeros, que advirtieron que la situación era crítica y que pronto su rol se extinguiría en el país. Dijeron que en los últimos seis años, desde que el país se integró a la Unión Europea, los salarios deficientes y las malas condiciones laborales habían empujado a miles de sus colegas a partir hacia el exterior en busca de trabajos, a los que accedían más fácilmente que en su tierra natal. "La escasez de enfermeros está teniendo un efecto devastador en el cuidado de los pacientes en Polonia. El gobierno tiene que aumentar los salarios", dijo a IPS Longina Kaczmarska, vicepresidenta del Sindicato de Enfermeros y Parteras de Polonia. Según ese sindicato, el salario mensual promedio en Polonia es de 825 euros (1.024 dólares), pero los enfermeros ganan entre 330 y 775 euros (entre 410 y 962 dólares), dependiendo de su experiencia. En otras partes de la región, los sueldos de los trabajadores de la salud también son bajos. En Rumania, donde según el Colegio de Médicos han emigrado más de 4.000 de estos profesionales desde 2007 --casi 10 por ciento del total--, un médico residente gana en promedio 200 euros (248 dólares). El salario mensual promedio es de 320 euros (397 dólares). En la República Checa, 50 nuevos graduados en medicina y 250 especialistas que han completado su formación abandonan el país cada año, y los médicos recién recibidos cobran un salario básico de poco más de 650 euros (807 dólares) al mes, según la Cámara Médica nacional. El salario mensual promedio en el país ronda los 900 euros (1.117 dólares). En Hungría, donde más de 2.600 médicos partieron al exterior desde 2004, según estadísticas oficiales, los que se quedaron ganan unos 350 euros (434 dólares) por mes. En los estados bálticos, los sueldos del personal de la salud también son bajos, y los cirujanos, por ejemplo, a menudo no ganan más de 800 euros (993 dólares) mensuales. En enero de este año, la Asociación Médica Letona señaló que se había triplicado la cantidad de médicos que conseguían trabajo en el exterior. En Bulgaria, la ministra de Salud Anna-Maria Borissova dijo en abril a los medios de comunicación nacionales que el país tenía apenas la mitad de la cantidad de enfermeros que necesitaba. "Cada día, un médico abandona el país para trabajar en el exterior", agregó. Según ella, este éxodo es una "catástrofe" para los servicios de salud búlgaros. Los médicos residentes ganan promedialmente 250 euros (310 dólares) al mes. Muchos médicos y enfermeros quieren que el gobierno aumente el presupuesto que destina al sector, mientras que otros han sugerido otros programas para recaudar fondos que volcar a la salud. Algunos estados ya han introducido una controvertida medida: les cobran a los pacientes las consultas a los médicos y el transporte en ambulancias. También se han considerado otros programas de pago parcial o de impuestos especiales. Pero como la crisis financiera mundial todavía afecta el gasto público de muchos estados, algunos expertos consideran improbable que los gobiernos tengan las decenas de miles de millones de euros necesarias para elevar los salarios a los niveles que reclama el personal médico. No obstante, es necesario tomar medidas ahora, sostienen los sindicatos de trabajadores de la salud. "Una larga tradición de pagas bajas y de trabajo por turnos vuelven poco atractivo al sector de la salud. Atraer a estudiantes y trabajadores hacia el sector de la salud será un importante desafío político", dijo a IPS el secretario general de la Federación Europea de Asociaciones de Enfermeros, Paul de Raeve. (FIN/2010)